Gastronomía y artesanía

No hay mejor forma de conocer a un pueblo y completar un buen viaje, que interesarse por su artesanía, visitar sus fogones, o unirse a sus fiestas. Por ello, aquí se ofrecen al viajero curioso algunas propuestas.

En este tramo todavía es posible encontrar oficios casi desaparecidos, como las labores de tejidos que siguen elaborándose en El Bonillo, donde también se trabaja artesanalmente el esparto con el que realizan alfombras, esteras y otros productos de uso doméstico.

En su variada oferta culinaria destacan los guisos de caza, como las judías con perdiz, el caldo moreno y las migas ruleras, acompañadas de guarniciones que varían desde las uvas, al chorizo o tocino frito. Otra especialidad es el moje de pimientos.

En La Roda aún se conserva la tradición de la matanza del cerdo, durante la que se elaboran sabrosos embutidos como chorizos, morcillas y el exquisito lomo de orza. Aunque no se puede dejar de recomendar el cordero manchego, joya gastronómica de estas tierras, los quesos y, por supuesto, los vinos de La Mancha. Pero si algo ha caracterizado tradicionalmente a la gastronomía rodense ha sido su repostería, y de forma muy especial sus afamados “Miguelitos”, dulces de hojaldre y crema de artesanal elaboración.

Festividades, tradición y popular

Desde el comienzo del año hasta la celebración de la vendimia, que da por finalizado el calendario agrícola, los pueblos manchegos se visten de fiesta y acogen cálidamente al caminante, ofreciendo lo mejor de sus tradiciones y de su rica y variada cultura popular.

Este tramo de la Ruta de Don permite acercarse a las numerosas fiestas que se celebran en todas las poblaciones de la región, como la Semana Santa, las comidas camperas que se organizan en San Marcos, las romerías de San Isidro y, sobre todo, las floridas Cruces de Mayo, que en el caso de Villanueva de los Infantes han sido declaradas fiesta de interés regional.

En la primera semana de Agosto La Roda celebra sus Fiestas Mayores en honor de ‘El Salvador’, nueve días repletos de actividades entre las que destaca la Gala Literaria y la Batalla Floral, sin olvidar las corridas de toros, verbenas, conciertos, actuaciones teatrales, festivales folclóricos, competiciones deportivas y todo tipo de festejos, que integran un completo programa dirigido a todos los públicos.

Tiempo de aventura

Pero La Mancha no sólo es historia, gastronomía y tradiciones, sino que también es un paisaje que sabe ofrecer al viajero con ganas de aventura la posibilidad de ejercitarse en las diferentes variedades del cicloturismo, ya sea de montaña o paseo, en el tranquilo recorrido que ofrece este tramo, donde también es posible hacer rutas a caballo u observación de aves por sus variados ecosistemas.

La cercana Sierra de Alcaraz es un lugar adecuado para actividades tan diferentes y atractivas como el senderismo o la escalada, el parapente o el ala-delta. Y, ya en el tramo final de este recorrido, las encajadas aguas del río Guadalmena, límite natural de La Mancha, resultan óptimas para el descenso en canoa o piragua.

Las tierras de esta Ruta del Quijote están llenas de contrastes que le confieren un atractivo singular

La Mancha. Al emprender su camino desde La Roda, el viajero se encontrará frente a una gran llanura, en la que la vista no encontrará descanso. Es La Mancha. Y este plano paisaje sin fin será su fiel compañero de viaje durante el primer tramo de su recorrido.

Prácticamente alfombrada de cereales y viñedos, La Mancha constituye el medio más apropiado para la búsqueda de alimentación y descanso de las amenazadas aves esteparias, capaces de soportar los inviernos más rigurosos y los más tórridos veranos.

Este paisaje, donde también menudean las encinas, y muchas matas aromáticas, despliega todo su encanto en el otoño, cuando estalla el violeta de los campos de azafrán, acompañado del colorido y alegre trajín de las recolectoras.

Campo de Montiel. El viajero apasionado por la observación de aves, o simplemente, todos los que persigan un buen lugar de descanso, podrán detenerse en los navajos de El Bonillo, pequeñas lagunas que ocupan el fondo de torcas, donde el pato cuchara, el ánade friso y la cigüeñuela son algunos de sus habituales visitantes, permanentemente vigilados, desde primavera hasta fines de verano, por el acrobático vuelo del milano negro. Cerca de Viveros, se encuentran las Salinas de Pinilla, un buen ejemplo para conocer el funcionamiento de las salinas no costeras y otro lugar a tener en cuenta por los incondicionales amantes de las aves.

En el Campo de Montiel es frecuente la presencia de sabinas, que se hacen cada vez más escasas al ir ascendiendo hacia las sierras, dejando paso al pino, a cuya expansión ha ayudado el ser humano, que se ha servido tradicionalmente de su madera, frutos y resina. Desde Villanueva de la Fuente o Albaladejo se puede visitar la Sierra del Relumbrar, entre cuyos encantos naturales se encuentra la presencia de un gran alcornocal. Este tipo de bosque, habitualmente más propio de áreas más occidentales y húmedos, es un enclave único en la provincia de Albacete.

Sierras del sur de Albacete. Bordeando el sureste del Campo de Montiel nos acercamos a Alcaraz, desde aquí hay buenas panorámicas de la sierra del mismo nombre que esconde en su interior la posibilidad de aventurarse por caminos que se dirigen hacia sus cumbres, o explorar grutas, como aquella de la que mana el agua que da lugar al río Mundo.

Etapas de la ruta

El tramo La Roda-Villamanrique está dividido en ocho etapas, llenas de encanto, donde la inmortal obra de Cervantes cobra especial relevancia. Las etapas que podremos realizar son las siguientes: La Roda-Munera; San Clemente-Munera; Munera-El Bonillo; Lezuza-El Ballestero; El Ballestero-Laguna Blanca; El Ballestero-Alcaraz; Alcaraz-Albaladejo y Albaladejo-Villamanrique.

Etapa 1 - La Roda-Munera

Etapa sin dificultad alguna, excepto su longitud y su falta de sombra y agua a lo largo del recorrido. La extensa llanura lo hace ideal para el recorrido en bicicleta. El secarral, los viñedos y los cultivos de cereales se alternan en un primer tramo completamente llano.

El paso por el cerro Cantón dibuja un camino más irregular, que sigue el trazado de las lomas y cerros ondulados.

La Roda

La Roda ha sido históricamente tierra de paso, este hecho hace difícil determinar sus antecedentes más remotos. Dentro de su término municipal se han localizado restos ibéricos y otros posteriores pertenecientes a la etapa romana.

Parece ser que el nombre de La Roda deriva, según los expertos, del término árabe “rotba”, relacionado con un impuesto que se pagó por el paso de ganados o bien de “robda”, antigua milicia vigilante de fronteras y caminos que rondaban en torno a los castillos. Fue este el nombre que recibió el antiguo castillo ubicado en el lugar donde hoy se encuentra la iglesia parroquial y donde se refugiaban los “arrobdas” o vigilantes cobradores.

Pasada la Alta Edad Media, hacia 1200, La Roda, probablemente, fue rescatada de los musulmanes por las huestes del rey castellano Alfonso VIII.

Después, cuando en el año 1305 el rey Fernando IV de Castilla concede todas las tierras que componían el Señorío de Alarcón al Infante Don Juan Manuel, sobrino de Alfonso X El Sabio, La Roda queda bajo la protección de éste. En 1310 el infante Don Juan Manuel otorga la concesión de los límites jurisdiccionales al municipio. Cuando Juan II dona la ciudad de Alarcón y su entorno al Marqués de Villena, La Roda definitivamente formará parte de este marquesado hasta que se segrega de él por propia iniciativa en 1476 incorporándose así a la Corona de los Reyes Católicos. Durante el periodo renacentista La Roda experimentará un notable desarrollo económico y crecimiento que quedará reflejado en el arte y la arquitectura local.

En la actualidad, La Roda es una dinámica población con más de 14.000 habitantes. Su actividad económica ha pasado en pocos años a centrarse en el sector industrial y de servicios dejando de depender de la agricultura. Una de las industrias más representativas es la de pinturas, sector que debe su desarrollo a la existencia de yacimientos de “Tierra Blanca”, materia prima para las fabricaciones de temples y otros tipos de revestimientos. Además, juegan un importante papel las empresas agroalimentarias basadas en la elaboración de productos de la tierra como vinos y quesos, estando ubicadas en La Roda las únicas industrias fabricantes de la “torta cenceña”, ingrediente imprescindible para la elaboración del “Gazpacho manchego”. Dispone la localidad de una importante oferta comercial que surte a su vez a varias localidades limítrofes. Su situación geográfica y sus modernos y numerosos accesos han favorecido también el importante desarrollo del sector transportista.

A todo esto es justo añadir una activa vida social y cultural que, junto al resto de factores, convierten a La Roda en un atractivo lugar para establecerse siendo una de las pocas poblaciones de la provincia de Albacete que ha experimentado en los últimos años un destacado crecimiento de su población.

La iglesia de “El Salvador” de La Roda está declarada Monumento Histórico Artístico Nacional

La iglesia de “El Salvador”, de La Roda, declarada en 1981 Monumento Histórico Artístico Nacional, fue construida sobre un antiguo castillo, destruido por orden de Isabel la Católica entre los años 1476 y 1478. Corresponde a las llamadas iglesias columnarias, que básicamente consiste en una planta derivada de la basilical, con un alzado de tres naves separadas por columnas, siendo la de La Roda una de las más brillantes en grandiosidad y magnificencia.

La Iglesia comenzó a construirse con una estructura gótica en el primer cuarto del siglo XVI, remodelándose y engrandeciéndose posteriormente, al tiempo que el Renacimiento fue cambiando la estructura original. En 1581 se manda construir la torre de estilo herreriano con una cornisa de carácter clásico y una bella decoración coronada de pirámide con bola o esfera de remate. Denominada popularmente “Faro de La Mancha” alcanza los 60 metros de altura. El templo posee dos pórticos de entrada de principios de siglo XVII.

En 1721 finalizaba el decorado del retablo mayor por Tomás Belando. Actualmente, en el interior del templo numerosas obras conforman el Museo Parroquial, entre ellas destaca un espléndido lienzo de Lucas Jordán (siglo XVII) que se encuentra en la Capilla del Rosario y en el que se representa la “Adoración de los Magos”. En la sacristía pueden contemplarse restos de una excepcional talla de madera policromada anterior a 1569, atribuida a Berruguete.

Monumentos

Esquina de Alcañabate. Obra calificada como una extraña pieza renacentista por la disposición de su fachada en forma de esquina. La fecha de su ejecución, 1627, consta en una voluta. La puerta de entrada se articula en dos paños y también en dos cuerpos, desdoblándose por un grueso pilar que sostiene una estructura adintelada. En el segundo cuerpo, de traza mucho más elegante, se repite una balconada que dobla la esquina, los dos balcones se abren con pilastras rehundidas por encima de los cuales se alza un frontón voluminoso; justo en la esquina, también doblándose, un gran escudo oval con las armas de la familia de D. Pedro Carrasco Alcañabate.

Originalmente esta fachada se encontraba en la casa ubicada enfrente, demolida en 1960. En 1995 fue reconstruida por la Escuela Taller “La Enzina” colocando sus sillares, balcón y escudo enfrente de la ubicación original como si del reflejo de un espejo se tratase.

Lienzo de Doña Ana. Fachada de sólida construcción de finales de siglo XVI. Principio de un grandioso palacio de D. Pedro Carrasco Barnuevo y Ana Ramírez Ortiz de Villaseñor (perteneciente al linaje de los Carrasco). La portada es renacentista con un cuerpo inferior construido con dobles columnas jónicas acanaladas y un cuerpo superior decorado con florones, volutas y escudo donde aparecen las armas de los Carrasco y Ramírez de Arellano. Junto con la Casa de Inquisidor componen la muestra arquitectónica civil más antigua de La Roda.

Palacio del Dr. La Encina. Este edificio fue construido bajo las órdenes de D. Fernando de la Encina (1650-1740), la vivienda se constituye en torno a un magnífico patio porticado con columnas toscanas que sostienen techumbre de madera.

Aunque de estilo renacentista, la fachada del edificio posee caracteres barrocos de finales del siglo XVII. En todo el palacio se hace simétrica la correspondencia de balcones y ventanas. En el centro de la fachada, encima de la puerta principal, se encuentra un enorme escudo rodeado de otros cuatro más pequeños. Este edificio está considerado como una de las mejores piezas arquitectónicas de La Roda y de toda la provincia tanto por su indudable mérito y belleza como por su magnífica conservación.

Ermita de San Sebastián. Construida en el siglo XVI, muestra una estructura sencilla muy semejante a la planta basilical de tres naves separadas por columnas muy toscas que sustentan arcos en la misma dirección de la nave central. Cubierta por tejado de dos aguas, presenta un artesonado muy modesto. Casa del Inquisidor o de los Atienza. Su fecha de ejecución se sitúa en la segunda mitad del siglo XVI. Edificada por D. Diego Pérez de Oviedo Valdés y Dña. Francisca de la Torre, fue visitada por la reina Dña. Mariana de Austria, cuando el edificio era propiedad de su confesor D. Diego Valdés Girón.

Palacio de los Condes de Villaleal. Fechado en el siglo XVIII fue construido a partir de un antiguo edificio del siglo XVI. La vivienda presenta motivos de decoración rococó y en su fachada destaca un ondulado balcón de hierro y remate con frontón semicircular que alberga un gran escudo.

Con cúpula cubierta de tejas vidriadas, merece especial mención la decoración interior de la escalera, realizada en yeso y con un estilo rococó en el cerramiento; sobre las pechinas, figuran los escudos de armas de la familia.

Casas solariegas. El siglo XVI fue la época de esplendor para la Villa de La Roda, prueba de ello son los restos arquitectónicos que todavía hoy se pueden ver y entre los que se encuentran numerosas casas solariegas. Edificaciones de uno o dos pisos hechas con tapiales y sillares y con una distribución irregular de ventanas rectangulares casi siempre enrejadas; suelen poseer un arco de entrada y normalmente las esquinas son reforzadas con piedra.

Entre estas edificaciones encontramos la Posada del Sol, antiguo parador que perteneció en su día a la Condesa de Villaleal quien lo recibió por herencia de su padre. Algunos autores lo relacionan con el capítulo de “El retablo de Maese Pedro” de “Don Quijote de la Mancha”. Está considerada como la más bella y evocadora posada de toda La Mancha.

Después de visitar la población comenzamos nuestra ruta en La Roda. En paralelo a la carretera N 301, atravesamos naves industriales y campos de cereal. A unos seis kilómetros el camino se incorpora a la vereda de Los Serranos. En el Km. 18 la vereda es atravesada por la comarcal 3121 que lleva a Santa Marta, pequeña población de unos 45 habitantes en la se encuentra una pequeña iglesia románica bajo la advocación de Santa Marta.

Continuamos por la vereda y cruzamos la carretera local 3106. Pasamos por el cortijo de Panadero y, a unos 4 Km., por la Casa Blázquez.

Hacia el Km. 29 llegamos al cerro Cantón, un poco más adelante nos encontramos con el cortijo Cuatro Chispas y siguiendo el trazo de las lomas continuamos hasta el cortijo Cuarto de Fortuno. La ruta abandona la vereda sobre el Km. 38 y se incorpora al camino de Navamarín, que corre parejo al río Córcoles, y a un par de kilómetros encontramos la Ermita de San Telmo, la más pequeña de la Península. Situada junto al margen derecho del río Quintanar, está excavada en roca. Se construyó en el año 1800. Los viñedos y el agua que fluye por las acequias nos aproximan a Munera, final de nuestra etapa.

Munera

Esta localidad fue históricamente un núcleo de población rural que perteneció al amplio alfoz de Alcaraz. En 1247 y como respuesta a su crecimiento recibió una dehesa acotada de su concejo matriz. La historia de esta población se halla condicionada por los distintos aconteceres políticos de la población de la que dependía, la poderosa ciudad de Alcaraz. Durante el siglo XV, las luchas y pretensiones nobiliarias que azotan estas tierras tienen también su reflejo en esta población, hasta que en 1548 Munera alcanzaba, por concesión regia, su título de Villa con su correspondiente término municipal.

Monumentos

En el término municipal de Munera destaca el poblado fortificado en la Morra del Quintanar, de la II Edad del Bronce, localizado en un alto natural y rodeado por una muralla con grandes bloques de piedra que conserva una elevada altura (2,5 m.) sobre un zócalo.

El Castillo, joya arquitectónica de la Edad de Bronce, fortaleza que fuera romana, árabe y cristiana, cuenta, como debe ser, con una leyenda, desde, probablemente, la Edad Media, referida a una bella dama. Esta aparece todas las noches de San Juan entre los muros de la Torre del Homenaje del castillo. Con este motivo se organiza una pintoresca noche de fiesta junto al castillo “La noche de la Encantá”, en la que se reconstruye la leyenda en una representación teatral y espectaculares fuegos artificiales, completando la fiesta actuaciones de rock hasta altas horas de la madrugada.

Como edificio religioso destaca la Parroquia Mayor de San Sebastián. El templo es de nave única y cabecera con crucero. La nave tiene un amplio espacio rectangular, el cual se divide en cuatro tramos separados por arcos. Los arcos divisorios definirían un primer templo con arcos de diafragma y artesonado mudéjar. Los tramos en que se divide la nave fueron transformados en el siglo XVI y cubiertos con una bóveda de crucería gótica. El templo guarda un buen relieve de carácter romanista de fines del siglo XVI con Santa Ana, la Virgen y el Niño. En el exterior se levanta una sólida torre adornada con un emblema de Carlos V, grandes contrafuertes y portadas en los dos laterales.

Otro edificio religioso es la ermita de Nuestra Señora de la Fuente, patrona de Munera, construido en el siglo XVIII en estilo barroco con planta de cruz latina y cúpula en el crucero.

Museo Etnológico “La Molineta”. Restaurado en 1999, es un bonito y característico molino de viento manchego. Su destino es albergar el Museo Etnológico de Munera.

A los pies de este molino se pueden contemplar las magníficas y llamativas esculturas de Don Quijote y Sancho, obras de Emilio Solana y de los Hermanos Moratalla, de Munera. Este molino se ha convertido en la imagen más característica de Munera, siendo muchas las personas que anualmente acuden para hacerse fotografías.

El concurso literario “Molino de la Bella Quiteria” de Munera goza de gran prestigio a nivel nacional

Molino de la Bella Quiteria. Molino de viento situado junto al río Córcoles, mandado construir por el periodista García Solana, Cronista Oficial de la Villa de Munera en 1975, hace referencia al pasaje de “El Quijote” donde tuvieron lugar las célebres Bodas de Camacho el Rico con la Bella Quiteria. En los años siguientes se construyeron, en la misma parcela, la “Casa de Basilio el Pobre” y la “Casa de Camacho el Rico” los dos personajes masculinos relacionados con “la Bella Quiteria”. Tanto el molino como las dos casas están dedicados a museo del mobiliario y menaje típicos de la región. La idea principal de estas construcciones era que se desarrollasen todo tipo de actividades culturales llevándose a cabo exposiciones de pinturas, tertulias y concursos literarios…, siendo así como nace el Concurso Literario “Molino de la Bella Quiteria”. Este concurso se celebra en recuerdo de quien fuera su fundador, Enrique García Solana, y de su hijo Enrique García-Solana Gavídea. Se celebra el primer sábado de Julio en una propiedad privada de la familia García Solana. La primera edición tuvo lugar en el año 1976, y a través de los años ha ido gozando de un gran prestigio nacional.

La entrega de los premios se realiza en el monumento a las Bodas de Camacho que la familia Solana-Gavídea mandó construir, donde se supone que debieron ocurrir los “famosos acontecimientos” que tuvieron lugar en los desposorios de Camacho el Rico con la Bella Quiteria y que Cervantes narra en los capitulos XIX, XX y XXI de la 2ª parte del Quijote. Esta familia realizó un estudio donde se refleja que las Bodas de Camacho se realizaron en esta localidad.

Etapa 2

San Clemente- Munera

Esta etapa comienza en la provincia de Cuenca, y como ya dijimos anteriormente es un ramal de San Clemente a los Campos de Montiel. A través de campos de cultivo y zonas con pequeñas fincas rurales, casi todas deshabitadas y en ruinas, vamos avanzando en nuestro camino hacia Munera. Albacete ofrece un paisaje de campos de cereal y ajos, alterado sólo por las encinas. El área de Las Cuestas presenta suaves ondulaciones. Por estos campos podemos encontrar avutardas. La etapa, muy larga, es fácil de recorrer y requiere ir provisto de agua y protección contra el sol. El recorrido en bicicleta se presenta sencillo.

Partimos, en esta etapa, de San Clemente, importante población situada en un llano espacioso al sur de la provincia de Cuenca y en el ángulo límite con las de Ciudad Real y Albacete, cuyo casco urbano ha sido declarado conjunto histórico, por el camino de Zumacales, recorriendo campos de cultivo de ajos, cebada y viñedos. Hacia el Km. 11 seguimos la Cañada Real, que recorre el límite entre Cuenca y Albacete. Una calzada asfaltada nos conduce a Ventas de Alcolea, donde podemos encontrar un “cubillo”, construcción de piedra de forma cónica que servía de refugio a los pastores.

Después de descansar en un pinar con buena sombra, a 2 Km. hallamos una finca deshabitada, realmente pintoresca, La Casica.

Cruzamos las vías del tren por un puente. El camino discurre a través de la Cañada Real de Murcia y se sitúa a la altura de los raíles.

En Casas de la Peña, una pequeña aldea de 3 habitantes, abandonamos la Cañada Real y enfilamos hacia el sur a través de chaparrales, viñedos y cultivos de trigo.

En el Km. 38 pasamos entre las lomas de los Castillejos y del Hito; la ruta gira al este y toma la vereda de Carrión. El camino deja atrás la calzada local y ladea el cerro de Moharras, dirigiéndose hacia el sur. Se pasa el cortijo de Moharras. A la altura del cerro de la Oliva, atraviesa la carretera 3125. A 1 Km. del cortijo Casas de Don Juan encontramos un abrevadero natural. En las cuestas es frecuente el pastoreo de ovejas. En el Km. 58 cruzamos la carretera N-430 y, en pocos metros, llegamos a Munera, por el camino del cementerio.

Etapa 3

Munera - El Bonillo

Etapa idónea para caminantes y cicloturistas, con numerosos tramos llanos y ondulaciones sin pendiente marcada. Siguiendo la vereda de los Serranos, atravesamos un área de humedales estacionales – navas o navajos- hábitat idóneo para garzas, ánades y otras aves acuáticas. Sobre campos de cereal podremos avistar avutardas. El Bonillo, al final de la etapa, constituye una estupenda muestra de arquitectura popular y dispone de una Plaza Mayor especialmente hermosa.

Salimos de Munera por el camino de Navamarín, parejo al río Córcoles. Pasados unos 4 Km. el camino se bifurca. Dejamos atrás el ramal que nos conduciría a La Roda y tomamos hacía El Ballestero.

Atravesamos una extensa área con modernos molinos de viento. Tras una suave bajada avistamos otros parques eólicos.

A ambos lados del camino encontramos varios humedales (navas o navajos), el más grande de ellos cerca del aparcamiento del Km. 13. Abandonamos la cañada y marchamos por el llano hacia El Bonillo.

En el Km. 19 encontramos las ruinas de San Miguel de Susaña, asentamiento originario de El Bonillo. Un Km. más delante, a un lado del camino, se extiende el humedal Nava Redonda. Al otro lado se encuentra Navajoluengo. Un llano cubierto de cultivos de cereal nos conduce a El Bonillo.

El Bonillo

Perteneció a la jurisdicción de Alcaraz, hasta que en 1538 adquirió la condición de Villa. De entonces será el sencillo Rollo o Picota, símbolo de la propia jurisdicción que se alza en las afueras del pueblo sobre un graderío circular. Y, junto a esta picota, una torre-mirador que permite contemplar con perspectiva los vastos horizontes de estas tierras por las que Cervantes paseó a Don Quijote.

En la plaza de la población se levanta el edificio del Ayuntamiento, con noble fachada de dos arquerías superpuestas, la inferior de cuatro arcos y la superior de ocho. A la derecha de la fachada hay un escudo de piedra de la Villa; es una obra del siglo XVI, dentro del estilo vandelviresco. En su interior se conservan el Privilegio de Villazgo de Carlos I y el de confirmación y ampliación del término de Felipe II, ambos con ricas ilustraciones miniadas.

El conjunto de la Plaza Mayor de El Bonillo está declarado Patrimonio Histórico y Artístico.

En el término municipal se encuentra la ermita de Pinilla, notable conjunto arquitectónico de los siglos XVII y XVIII, con bellas bóvedas barrocas de decoración geométrica hacia la cabecera y un interesante artesonado mudéjar.

Es de destacar en el casco urbano, dentro de la arquitectura popular, la rejería tradicional de algunas de sus casas.

Las llanuras de El Bonillo constituyen un ecosistema idóneo para el desarrollo de las aves esteparias

Las llanuras de El Bonillo, con cultivos de cereal, leguminosas y amplias zonas de pastos, constituyen un ecosistema idóneo para el desarrollo de las aves esteparias, lo que ha motivado su inclusión en el listado de Áreas Importantes para las aves a nivel Europeo.

La especie más emblemática de ellas es la avutarda que, con una población estimada en 600 ejemplares, es la más importante de la provincia de Albacete. Se trata de una especie cuya conservación es prioritaria, ya que, según B. Campos, la mitad de las avutardas existentes en el mundo (unas 30.000) se encuentran en la Península Ibérica. El visitante podrá también contemplar por estos campos importantes colonias de aves esteparias como los sisones (unos 2.400), alcaravanes (más de 500), gangas (unas 1.500) y alondras de Dupont.

Pero, además de las avutardas, las piezas señeras de la caza menor, como liebre, conejo y la perdiz, abundan en estos campos donde, por otra parte, pueden hallarse unas setas de cardo de exquisito sabor que harán las delicias de los aficionados a la micología.

El Sabinar de El Bonillo

El Sabinar del El Bonillo puede considerarse un área de excepcional interés debido a la cantidad de árboles que aquí se encuentran y a la edad de los mismos. En este sentido, el paraje, situado en el extremo suroeste del término, es una verdadera reserva de dicha especie. Las sabinas, antaño abundantes en los campos de España, fueron desapareciendo con el tiempo a causa de la extraordinaria calidad de su madera. Son árboles de la familia del ciprés, que florecen en primavera y cuyo aroma es capaz de perfumar las más vastas extensiones.

Turismo y ocio

Al norte de El Bonillo se halla la pedanía de Sotuélamos, un auténtico vergel cuyas inmediaciones constituyen un área de recreo muy agradable. Zona de gran atractivo es también la de los Pinares, próxima al núcleo urbano.

Este parque ha sido acondicionado como lugar de excursión y en él se han instalado mesas, barbacoas, etc. para hacer la estancia lo más cómoda posible. También en los Pinares se encuentra el campo de golf “La Lagunilla” en proceso de homologación para celebrar campeonatos oficiales. Varias cabañas, donde practicar el turismo rural, completan las instalaciones de este parque.

El término de El Bonillo está surcado en el norte por el río de Sotuélamos y el Córcoles; el sur lo riegan el Pinilla y los arroyos Sagés y Alarconcillo. La mitad este es zona de importantes humedales: se trata de las navas y navajos que, en régimen estacional, refrescan estas tierras manchegas y constituyen un hábitat ideal para toda clase de ánades, garzas y demás aves acuáticas.

Uno de los grandes atractivos de El Bonillo es su abundante caza, el conejo, la liebre, la paloma torcaz, la tórtola y, sobre todo, la perdiz atraen a muchos cazadores de todas partes de España.

Otro atractivo de la zona es la proximidad del Parque Natural de las célebres Lagunas de Ruidera, a las que el visitante puede acceder desde El Bonillo, en pocos kilómetros, por la carretera que conduce a Ossa de Montiel. En paralelo a esta ruta discurren los caminos de la Casa del Gallo y de los Tontos. Del pueblo salen, asimismo, las sendas de Sotuélamos y las Salinas de Pinilla, donde hubo en tiempos un campamento romano.

Estas vías, junto con la Cañada Real, que cruza el término en su parte oriental, permiten practicar el senderismo en pleno contacto con la naturaleza.

A escasa distancia de El Bonillo se hallan las ruinas de San Miguel de Susaña, con restos de una calzada romana, y Santa Ana que, junto a Sotuélamos, fueron el núcleo fundacional del pueblo.

Son muchos más los atractivos que ofrece el municipio de El Bonillo, como su reputada gastronomía (carne de boda, gachas migas, ajo grande, tortas de pastor, dulces típicos) o los deliciosos vinos de sus viñas, las muestras de una recia arquitectura rural o productos artesanos de telar y esparto, navajas, monteras, etc.

Del Bonillo es de destacar su famosa Semana Santa, donde asisten visitantes de toda la Región para contemplar sus numerosos desfiles procesionales. Actualmente se encuentra en fase de declaración de Interés Turístico Regional.

Etapa 4

Lezuza - El Ballestero

El camino que parte de Lezuza con incursión al yacimiento arqueológico de Libisosa se dibuja ligeramente ondulado.

Pasaremos por varios humedales estacionales y tomaremos la vereda de los Serranos, donde encontraremos más navajos. La vereda se presenta llana y atraviesa varios sabinares centenarios.

Lezuza

La localidad de Lezuza fue antiguamente una colonia romana llamada Libisosa, en esta localidad, y según la tradición, predicó San Pablo. En el año 253 recibieron martirio dos santos, Vicente y Leto, a lo que se hace referencia en unas pinturas barrocas en la cabecera de la parroquia.

Lezuza pasó a ser aldea de Alcaraz tras la conquista de ésta en 1213. Alcaraz dotó a la localidad, en 1411, de privilegios para aumentar su población.

Lezuza perteneció, durante los años 1440 a 1475, a los marqueses de Villena, convirtiéndose en villa en el año 1553 por concesión de Carlos I y perteneciendo a la provincia de La Mancha hasta la creación de la provincia de Albacete en 1833.

En Lezuza encontramos la Iglesia Parroquial bajo la advocación de Santa María de la Asunción. El templo empezó a edificarse a comienzos del siglo XVI, es una construcción de nave única, dividida en varios tramos separados por arcos y cabecera poligonal de tres paños. El exterior del templo tiene contrafuertes, entre los cuales se abren capillas-hornacinas cubiertas por bóvedas de cañón. Algunas de estas capillas se han ampliado posteriormente con construcciones barrocas; así, se abre una capilla en el lado del evangelio, la cual está cubierta con cúpula oval y relieves de los apóstoles en las pechinas (siglo XVII) y en el lado de la epístola otras dos. El templo tiene una portada gótica en el lado norte, cobijada bajo un pórtico de renacientes pilares con columnas adosadas de hacia 1540.

Otra construcción religiosa de Lezuza es la Ermita del Cristo, del siglo XVII.

Las laderas del Cerro del Castillo han estado pobladas desde la época íbera, de la que se han encontrado restos cerámicos que se remontan, al menos, al siglo III a. de C. Los romanos llegaron a esta zona aproximadamente en el año 180 a. de C. y fundaron lo que después se conocería con el nombre Libisosa. Esta población alcanzó una relativa importancia al estar enclavada en la confluencia de algunas vías de comunicación.

El yacimiento de Libisosa ha conocido varias campañas de excavación en las que han salido a la luz numerosos restos. Entre ellos cabe destacar el foro de la colonia, cuya extensión da idea de la importancia que alcanzó esta ciudad en época romana.

Se han encontrado restos de una villa, la Casa de la Tercia, y del recinto amurallado de la colonia, específicamente de la puerta norte. Anexos a esta construcción se han encontrado los restos de algunos talleres de época íbera.

También son numerosos los restos cerámicos y de otro tipo que se han hallado, cerca de 130.000 piezas se han inventariado desde 1996. De ellas cabe destacar la cabeza de Agripina, esposa del emperador Claudio, y un delfín de bronce. Muchas de estas piezas se pueden ver en la Exposición Arqueológica de Libisosa que se encuentra en las dependencias del edificio del Ayuntamiento de la localidad. Esta exposición se encuentra dividida en cinco espacios: decoración, uso en cocina, mundo funerario, ritos y uso cotidiano.

Cerca de Lezuza, en la pedanía de Tiriez, encontramos un cuidado Museo Etnográfico, en el que podemos ver las peculiaridades lingüísticas y etnográficas de la comarca, así como la forma de vida en el hogar y en la aldea.

Tiene Lezuza una manifestación del arte popular muy singular, sin entronque con el resto de la región, que se concreta en el Baile de los Danzantes, integrados por seis parejas vestidas de blanco a la usanza antigua. La música que acompaña al baile, una dulzaina y un redoblante, recuerdan a los famosos chistularis. Unas veces los danzantes hacen sonar unos palillos para acompasar el baile y otras se cogen a una cinta para, entrecruzándose, vestir o desnudar un palo clavado en tierra.

Para salir de la población cruzamos el puente sobre el río Lezuza y ascendemos hacia el cementerio. Bordeamos el mismo y encaramos un tramo en pendiente hacia las ruinas de Libisosa. El camino se sitúa en paralelo al río Lezuza. A unos 5 km., frente a la Casa de Vado, encontramos un merendero rodeado de pinos.

Continuamos por un camino de subidas y bajadas, y a la altura del cortijo Casa de Blas y Esteban, el paisaje se cubre de lomas y vaguadas con encinas y sabinas. El camino baja por el cortijo en ruinas Casas Gil de Moya. Pasamos por el Navajo de Peribañez y nos adentramos en un parque eólico.

Hacia el km. 16 tomamos la vereda de los Serranos hacia El Ballestero. Encontramos un sabinar junto a los ondulados campos de cereal y, en el km. 22, divisamos la nava Conchel que, a pesar de ocupar una amplia extensión de agua, se queda seca en verano. El vallejo de la Pradosa cubre el camino que atraviesa una zona de sabinas.

Descendemos hacia El Ballestero, población que descansa sobre un llano.

El Museo Parroquial de la iglesia de Santa Catalina, de El Bonillo, conserva obras de enorme interés

Junto a la Plaza Mayor de El Bonillo se encuentra la Iglesia Parroquial de Santa Catalina, obra del siglo XVIII construida sobre otra anterior del siglo XVI, su torre presenta una ventana plateresca de gran interés. La parroquia tiene un notable retablo barroco, de principios del siglo XVIII. De gran veneración en esta iglesia es el Cristo de Los Milagros. En el Museo Parroquial anejo pueden contemplarse obras de enorme interés como: “Cristo abrazado a la Cruz”, de El Greco; “El Milagro de Cristo”, de López Portaña; “San Francisco de Paula” de José Ribera “El Españoleto”; al que también se le atribuyen “San Pedro el Arrepentido” y “San Vicente” y, atribuido a Andrea del Sarto, se encuentra el cuadro “La Magdalena”. Es una pena que este Museo no esté abierto al público en general ya que alberga obras dignas de admirar.

El Ballestero

El Ballestero es una pequeña población de 560 habitantes, que históricamente perteneció a la ciudad de Alcaraz de donde se segregó en el siglo XVII.

El edificio más significativo de la villa es la Parroquia de San Lorenzo, de la que subsiste como obra original y notable el crucero y cabecera. Es una importante construcción renacentista de notable empeño artístico vinculada directamente a soluciones vandelvirescas. El autor del edificio, anónimo, prefirió poner una bóveda de crucería en vez de una bóveda baída, que es la que en teoría se debía haber utilizado para este espacio.

En sus inmediaciones encontramos: Los Corrales de Piedra Seca, situados en los parajes de la Veguilla y Madruga, utilizados como aprisco por la ganadería trashumante; la Ermita de Villalgordo y Casa del Santero, magnífico conjunto monumental. La ermita tiene cabecera del s. XIV y nave posterior del XVI. Arcos diagrama apuntados y cubierta de madera, bóveda sobre originales columnas con sencillos capiteles decorados con motivos de tipo geométrico; la Calzada Romana. Más de 850 metros de calzada romana bien conservada, con el empedrado visible, sobre todo en los márgenes. Situada en el antiguo Camino de Aníbal, entre la ciudad romana de Libisosa y Caput Fluminis Anae.

También se encuentran dentro de su término varios parajes naturales de interés como Nava de Peribáñez, Sabinares de la Cuenca de los Ojos de Villaverde, Cabeza del Negro y los navajos de Guardaperos, la Pastora y el Espino.

Libisosa, mencionada por Plinio el Viejo, fue un enclave de excepcional interés en la Antigüedad

El poblado ibérico y posterior colonia romana de Libisosa dominó desde el alto cerro en el que se encontraba el sector geográfico occidental de la actual provincia de Albacete. Se trata de una comarca natural conocida como Campo de Montiel que se ubica en la confluencia de la Meseta y el Prebético. La colonia romana de Libisosa mencionada por Plinio el Viejo, fundada sobre un oppidum oretano registrado por Ptolomeo, gozó de un emplazamiento privilegiado que presidía una encrucijada viaria fundamental en la Península Ibérica, y de un territorio que basaba su riqueza en el control de las rutas ganaderas, lo que la convirtió en un enclave de excepcional importancia en la Antigüedad, constituyendo en la actualidad el punto de referencia arqueológico, histórico y monumental de la región.

Es destacable la inscripción, que se conserva en condiciones de riesgo en un ángulo de la Casa de la Tercia, junto a la iglesia del municipio, que contiene una dedicatoria a Marco Aurelio por parte de los colonos libisosanos. La lápida ya la transcribió en 1647 el Bachiller Alonso de Requena, quien comenta que apareció junto con una estatua de mármol, permaneciendo durante algún tiempo en la Iglesia parroquial, si bien se desconoce el paradero actual de dicha escultura.

Etapa 5 - El Ballestero -Laguna Blanca

El canal hacia Viveros discurre a través de la vereda de los Serranos y una antigua calzada romana que recibe el nombre de Camino de Aníbal. A mitad del trayecto, los pequeños humedales muestran zonas con mucha vegetación. Al final de esta etapa aparece la parte del trazado más irregular. Su remate con el extremo oriental de las Lagunas de Ruidera es plenamente satisfactorio.

Se sale de El Ballestero por una larga recta que se bifurca hacia Munera y Viveros; tomamos la segunda dirección. Atravesamos un sabinar y varios kilómetros de campos de olivos. En este trecho podríamos avistar águilas perdiceras. A unos 13 km. llegamos a Viveros.

Viveros

Viveros fue hasta el siglo XIX una aldea de Alcaraz, por lo tanto, su vida está totalmente vinculada a su población matriz.

El principal edificio de la localidad es la iglesia parroquial de San Bartolomé Apóstol.

En su Plaza encontramos una fuente de piedra con varios caños de agua fresca. En la salida del pueblo hay unos tradicionales lavaderos públicos.

Rodeados de almendros y encinas, característicos del paisaje, nos acercamos al desvío hacia Pinilla. Una charca marca el lugar en el que podemos seguir el ramal que conduce a Pinilla por un sendero de 6 km. de subida no muy marcada. Junto a la Ermita de Pinilla, encontramos un área arbolada con bancos, mesas y barbacoas. Una acequia y una fuente de agua proporcionan frescor.

Regresamos al punto en el que habíamos tomado el ramal hacia Pinilla y, a 300 metros, cruzamos el río Pinilla.

Llegamos a las Salinas de Pinilla, no se tienen datos de su creación pero si se sabe que tienen más de 600 años de antigüedad y que su sal proveía a la provincia. Se dice que por esos parajes estuvo la Reina Isabel la Católica cuando Viveros era una venta de vino y que también anduvo por allí Francisco de Quevedo. Salinas nunca se constituyó como pueblo pues fue una finca, que aún se conserva tal y como estaba, lo que le da ese cierto toque del medioevo donde el viajero se adentrará por un momento en las entrañas de las rutas de Don Quijote.

El Consejo de Gobierno de Castilla-La Mancha aprobó, el 4 de Enero de 2005, la declaración de microrreserva a las Salinas de Pinilla al reunir una importante riqueza tanta de flora como de fauna y geomorfológica, habiendo sido propuestas por el Gobierno Regional como Lugar de Importancia Comunitaria y su inclusión en la Red Regional de Áreas Protegidas.

A 1.500 metros del pueblo, en la carretera que une Viveros con El Bonillo, en el mismo corazón de La Dehesa, se encuentra La Cruz: descanso de la Virgen de las Aguas.

La Cruz recuerda el hecho milagroso de principios de siglo XX cuando una pertinaz sequía arrasaba campos y ganados en el término de Viveros, y los fieles, en contra del parecer de autoridades y del Sr. Cura, descerrajando las puertas de la iglesia, sacaron estas tres imágenes en procesión a La Dehesa, pidiendo la lluvia con tal fervor que al llegar a este lugar caía el agua con tanta intensidad que precipitadamente tuvieron que volver a la iglesia. El punto donde sucedió tal fenómeno se recuerda con una Cruz y tres peanas donde descansan las imágenes. Desde entonces, puntualmente, todos los años el día cuatro de Mayo, Viveros tiene una cita con su Virgen de las Aguas y la Cruz. El punto de encuentro es La Dehesa.

Camino de Villahermosa recorremos campos de almendros, encinas y sabinares centenarios. Las liebres, conejos y tórtolas acompañan el paseo. En el km. 53, el trayecto se incorpora a la carretera comarcal 649 a lo largo de 1 km. Desde aquí ya se puede contemplar la Laguna Blanca.

Laguna Blanca

La Laguna Blanca es una de las quince que forman el Parque Natural de las Lagunas de Ruidera. En ella destacan las intensas tonalidades blanquecinas de su antiguo fondo. En su pasado más reciente esta laguna desaparecía en la época estival por falta de agua, a pesar de ello, en sus orillas se conservaba una extensa e interesante vegetación hidrófila.

Etapa 6

El Ballestero - Alcaraz

En nuestro camino encontraremos varias aldeas con arroyos y fuentes naturales. A partir de la aldea El Horcajo, notaremos cambios en el perfil del camino, que se torna ondulado al pasar entre lomas y pequeños cerros.

La silueta de la Sierra de Alcaraz está cada vez más cercana. Travesía sencilla hasta Robledo, pero a partir de aquí hasta Alcaraz el camino es muy costoso en bicicleta.

Salimos de El Ballestero por el camino del matadero. Seguimos una larga recta y atravesamos el Camino Real de Andalucía. Llegamos a la aldea de El Campillo, de vegetación exuberante gracias a la abundante agua de la fuente El Ojo del Arquillo. En el km. 12 llegamos a El Cubillo, aldea regada por las aguas del caño del Cubillo y muy cerca del arrollo de Pradejón. Una plazoleta con bancos de piedra y fuente permite el descanso. Continuamos camino y, pasado un túnel, alcanzamos el tramo que marcha por las antiguas vías del tren Utiel-Baeza hasta llegar a Robledo, zona muy rica en agua, donde podemos visitar los espacios naturales que la rodean. Partiendo del pueblo, tomamos camino a Peñascosa, localidad en plena sierra, tres ríos surcan sus lomas: El Arquillo, el de Cortes y el Montemayor. Los Batanes, Fuenlabrada o el Burrieco son aldeas que prolongan su extensión, más allá de los refugios de montaña. En su término se encuentra también el célebre pino-roble, que es una verdadera curiosidad botánica, una extraña simbiosis de ambos árboles únicos en la provincia.

Continuando nuestro camino llegamos al Horcajo, localidad bañada por el río del mismo nombre. A través de una senda llegamos al Santuario de Cortes, de origen medieval y el más importante de la provincia. Más tarde el río Piojo atraviesa también el camino, el cual, unos metros después, se sitúa en paralelo a la N-322. El sendero desciende y vemos sobre el cerro de San Cristóbal las ruinas del castillo árabe que nos acercan a la población de Alcaraz.

El principal edificio de la localidad de Viveros es su iglesia parroquial de San Bartolomé Apóstol

La iglesia parroquial de San Bartolomé Apóstol de Viveros es un edificio de una sola nave, partida por un arco de medio punto, que separa la parte del altar del resto del templo. La parte del altar está cubierta por una falsa cúpula a la que se llega desde la planta cuadrada, mediante cuatro pechinas. Los elementos más destacables del templo son la puerta de acceso, abierta al mediodía, de estilo renacentista y que se compone de un arco de medio punto, encuadrado entre columnas y rematado en la parte superior por una hornacina. También hay que destacar el retablo principal de estilo barroco, de una sola calle ocupada por un cuadro que representa el martirio de San Bartolomé, en los laterales destacan las columnas salomónicas. La parte superior está coronada por un cuadro que representa a la Virgen del Sagrario.

Etapa 7

Alcaraz - Albaladejo

El terreno se presenta especialmente irregular en el nudo que forman los pueblos de Santa Cruz de los Cáñamos, Terrinches y Albadalejo. Lomas y cerros nos acompañan. Además de Alcaraz, la etapa ofrece agradables sorpresas en lugares como Terrinches o Albaladejo.

En esta etapa es de destacar la gran importancia económica que tiene el aceite de oliva para esta zona, por lo que encontraremos grandes extensiones de olivos a lo largo de ella.

Salimos de Alcaraz por el camino de la Virgen. Tras cruzar el arroyo de los Álamos, buscamos la cañada. Muy cerca de un cortijo centenario, cruzamos el río Horcajo y llegamos a Povedilla donde podemos encontrar varias fuentes.

Povedilla

El río de Povedilla, -de aguas rojas-, parte en dos este término que linda al oeste con Ciudad Real. Cruzando los carrizos de este cauce se entra en el pueblo, entre rosales y baladres que adornan las fachadas blancas de encementados zócalos.

De Povedilla son las exquisitas gachas que llaman bayoneto, y los andrajos con morcilla. Rodeados de montes redondos, los ciruelos ofrecen sus frutos de todos los colores allá donde el olivo, omnipresente, deja algún espacio. El conejo y la perdiz merodean por estos campos bendecidos por el frescor de los chopos esbeltos y las higueras de ribera.

El Concejo de Alcaraz ordenó la demolición de la fortaleza de Povedilla a mediados del siglo XV, tras un frustrado intento de emancipación municipal, hecho que se refleja en el escudo de esta villa que hoy ronda los 800 habitantes.

En el municipio la principal actividad que se ofrece para el ocio es la de la caza, tanto menor (perdiz, conejo, liebre, paloma, etc.), como la caza mayor (jabalí, ciervo, etc.). Esta actividad atrae a gran cantidad de visitantes durante buena parte del año.

El senderismo es otra atractiva actividad por la cantidad de caminos y senderos existentes que conducen y atraviesan zonas y paisajes de gran interés.

Existe una gastronomía típica con productos de la zona, que no por su sencillez resulta menos atractiva, que hace las delicias del visitante.

Povedilla celebra sus fiestas el último domingo de Abril, en honor a San Marcos, y las fiestas Del Rosario el primer domingo de Octubre, destacando por su interés los festivales taurinos.

Marchamos de Povedilla y, por un llano cubierto de encinas y almendros, abandonamos la provincia de Albacete y nos adentramos en la de Ciudad Real a través de la vereda de los Serranos. La vereda marcha en paralelo a la comarcal hasta llegar a Villanueva de la Fuente, de allí partimos hacia la Vereda de los Serranos en la que confluyen dos caminos uno a Santa Cruz de los Cáñamos y otro hacia Albaladejo, ambos de la provincia de Ciudad Real. Siguiendo el primero visitaremos la citada localidad de Santa Cruz de los Cáñamos desde la que partiremos hacia Terrinches visitando a continuación Albaladejo.

Etapa 8

Albaladejo - Villamanrique

Esta etapa discurre en su totalidad por la provincia de Ciudad Real. El comienzo del camino es curvo y ondulado, si bien retoma el llano al llegar a la cañada. El final de la ruta en el Castillo de Montizón nos ofrece la panorámica de un parque que enlaza Sierra Morena y el antiguo camino romano a Andalucía. Partimos de Albaladejo hacia la vereda de los serranos. El camino sube bordeando un cerro hasta que lo cruza la Vereda Real de Ganados. Dejando atrás el cerro Gordo, el paisaje se abre y vemos al frente Puebla del Príncipe. Tras pasar por una cantera, dejamos Almedina a la derecha. En Almedina se puede visitar la Iglesia Parroquial de Santa María Magdalena, del siglo XIV, y la Iglesia de los Remedios, del siglo XVII. En el km. 16 el arroyo de Santa María atraviesa la cañada. Unos 300 metros después la cruza el arroyo de las Huertas. Una subida de 300 metros nos alza hasta Puebla del Príncipe, de la que partiremos tomando el camino de la Ermita de Mairena. Junto a la ermita un espacio arbolado y fresco, con fuente de agua, invita al descanso. No lejos de aquí fluye el arroyo de la Huertas. Unos dos kilómetros antes de llegar a Villamanrique, tenemos una vista amplia sobre un paisaje de lomas y cultivos. A lo lejos se distingue Torre de Juan Abad, población muy ligada a Quevedo, ya que estuvo allí confinado.

Sobre un cerro, la ermita de San Isidro, nos acerca a Villamanrique.