Etapa 4 Valdepeñas - Manzanares

Salimos de Valdepeñas por el noroeste, un camino asfaltado y en excelente estado nos conduce durante cuatro kilómetros rodeados de viñedos hasta una buena pista de zahorra que nos lleva a San Carlos del Valle (Carril de Bernardo María y camino de San Carlos), en el Km. 17 de la etapa. En esta etapa visitaremos cuatro localidades: San Carlos del Valle, La Solana, Membrilla y Manzanares, todas de la provincia de Ciudad Real.

San Carlos del Valle

El origen cierto de la localidad tiene su primer dato en la desaparecida ermita de Santa Elena, construida probablemente en el siglo XII o XIII, y que hasta el siglo XVIII no fue más que eso, con la salvedad de que en una de sus paredes aparecía pintada la venerada (y milagrosa) imagen del que era llamado Santo Cristo del Valle. Durante el siglo XVI surge en torno a dicha ermita el primer asentamiento fijo del pueblo. El aumento de las peregrinaciones para rogar al Cristo determinaron a la Corona y al Consejo de Órdenes Militares a construir una nueva ermita y unas dependencias que dieran albergue a los peregrinos. Finalizada la obra durante el reinado de Felipe V, y resultando un aumento rápido de la población, se hizo necesaria una reordenación urbanística, que llevó a cabo, ya en tiempos de Carlos III, Pablo de Olavide. A él se debe el plano totalmente regular que hoy estructura el pueblo. Más tarde, en diciembre del año 1800, Carlos IV dictó una Carta Real de Privilegio con la que dictaminaba la independencia de San Carlos del Valle y lo convertía en municipio independiente.

La economía de San Carlos del Valle se sustenta de manera primordial en la agricultura de la vid, el olivo y los cereales. Otras dedicaciones pasan por la albañilería, la confección y algunos talleres de carpintería. Las Fiestas Patronales, entre el 12 y el 15 de septiembre, están dedicadas al Santísimo Cristo del Valle.

Aunque tampoco carece de importancia la Semana Cultural en honor a Santa Elena, celebrada los días 12 al 18 del mes de agosto, en la que, entre otros actos, se realiza una procesión con gran participación popular.

Otras fiestas reseñables en San Carlos del Valle son la Romería de San Isidro, San Marcos y la Inmaculada. Patrimonio

La gracia que posee la Plaza Mayor de San Carlos del Valle es sólo comparable a la belleza de las de Almagro y Villanueva de los Infantes. Tiene una forma casi rectangular, de 53 metros de longitud por 21 de ancho, y se puede acceder a ella a través de alguno de los tres arcos de ladrillo de sus flancos; está formada por columnas toscanas que sostienen pisos y galerías de dinteles, zapatas y balaustres de madera.

En un lado de la plaza, en trasfondo, se halla el Ayuntamiento, cuya fachada es de balcón corrido voladizo sobre ménsulas de madera. En el ángulo contrario al del Ayuntamiento está la Casa Grande de la Hospedería, típica arquitectura popular, que junto con su patio de los carros fue construida en 1704; dicho patio tiene en su centro un pozo y una pila, ambos tallados en una sola pieza, arcadas sobre columnas y galería superior. Fue utilizada como lugar de reposo para los viajeros y peregrinos, así como para hospedar a los constructores de la plaza y la iglesia.

La plaza fue creada como atrio de la espléndida iglesia del Santísimo Cristo del Valle. Esta iglesia fue edificada sobre el anterior santuario-ermita de Santa Elena donde, según la tradición, apareció un Cristo milagroso que dejó en un pajar un extraño caminante. Su período de construcción abarcó 16 años, desde 1723 hasta 1739. Pertenece al barroco tardío de la provincia, con algún elemento neoclásico; su planta es de cruz griega y en su interior puede verse la imagen del Cristo milagroso que sigue pintada en la pared. En el exterior, su gran cúpula encamonada, adornada con ocho buhardas, apuntada y envuelta al exterior por un alto tambor octogonal; la flanquean cuatro torres-campanario, con sendas figuras en su base de simbología incierta. Muy interesante es la portada-retablo dentro de un arco rehundido, con cuerpo inferior de columnas toscanas y superior de columnas salomónicas sobre paramento almohadillado; en su centro hay un relieve que representa a Cristo y el milagro con los ladrones. En la fachada lateral hay un relieve representando a Santiago Matamoros, en recuerdo a la Orden Militar a la que pertenecía el santuario. Fue declarada Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento en 1993.

La Solana

Partimos por la parte norte de San Carlos de Valle y a sólo 11 kilómetros llegamos a La Solana.

Procede esta denominación de un pozo conocido como “la Fuente”, situado en una parte muy soleada de la población, por lo que antaño era conocida como “La Fuente de la Solana” y que pasó con el tiempo a llamarse tal y como hoy nos referimos a ella.

El origen de esta villa hay que buscarlo en paralelo al auge de las órdenes militares cristianas que se repartieron y organizaron estas tierras tras su conquista, a comienzos del siglo XIII. En torno a un castillo de origen musulmán, que estaría emplazado en la superficie que hoy ocupa la iglesia parroquial de Santa Catalina, surgieron las primeras viviendas bajo la protección de la Orden de Santiago y su Encomienda. Fue una importante zona de paso de los ganaderos de la Mesta, por la riqueza de sus pastos en La Moheda y la Veguilla. La llegada de pastores procedentes de la comarca de Soria fue el origen de un aumento de la población hasta que, a finales del siglo XIII, el número de vecinos permitió su emancipación de la vecina Alhambra. Con posterioridad recibió el título de Villa, mas en las Relaciones Topográficas de 1575 se ignora la fecha exacta del acontecimiento.

La vida económica de los 15.205 habitantes de La Solana se fundamenta actualmente en varios sectores. Si tradicionalmente fueron la agricultura y la artesanía, hoy parece ser la construcción la ocupación que mayor auge ha experimentado. La agricultura (en la que predominan los tradicionales cultivos de secano -como la vid y el cereal- y el azafrán) le sigue en importancia, por delante de la industria de herramientas manuales, de la madera y de la confección, el comercio y la artesanía. En La Solana podemos encontrar ceramistas y alfareros; forjadores artísticos del hierro, que realizan por encargo lámparas, rejas y algún mueble; esteras, capachos, espuertas, frisos,… fabricados con esparto, modelados sabiamente con el arte de la pleita, sobre todo en el barrio de El Santo, alrededor de la ermita de San Sebastián, y aún hoy pueden verse en las dovelas de su entrada marcas que indican dónde eran afiladas las hoces que hicieron famosa a la localidad.

Entre Membrilla y La Solana se encuentran los Albardinales de Membrilla y La Solana dentro del contexto de los saladares manchegos. Estos albardinales destacan por su situación relativamente alejada del centro de distribución de la mayoría de los albardinales manchegos y por no estar asociados a ningún vaso lagunar ni a llanuras de inundación (el albardín es una planta muy parecida al esparto y con las mismas aplicaciones que éste). Es un área de alimentación de varias especies amenazadas de aves esteparias (sisón, alcaraván y ganga), cazadero del cernícalo primilla y área de campeo del aguilucho cenizo.

De interés son las romerías de la Virgen de Peñarroya al castillo del mismo nombre (en el término de Argamasilla de Alba), en enero y septiembre.

Patrimonio

La Plaza Mayor es el corazón en torno al cual surgió y se desarrolló el pueblo; y aún hoy buena parte de la vida local transcurre alrededor de este Monumento Histórico Provincial. Tal como hoy se la encuentra, la Plaza Mayor tiene dos zonas diferenciadas en cuanto a su aspecto y época. El lado este, y el Ayuntamiento, del siglo XVI (encargado en 1530 a lo maestros alarifes Luis de Béjar y Cristóbal Díaz) con porches adintelados; y por la otra los lados oeste y norte con dos plantas de vanos asimétricos sobre porches de arcos de medio punto, a cuya espalda se encuentra un arco con bóveda de cañón rebajada con decoración de lunetos en su intradós. Fue lugar de mercado hasta 1967.

En la Plaza Mayor se encuentra también la iglesia parroquial de Santa Catalina, comenzada a construir en 1420 y que, por diversos avatares, se terminaría con un aspecto similar al actual en 1524; tiene elementos del gótico tardío, renacentistas y barrocos. En el interior varias capillas laterales flanquean una nave de bóvedas estrelladas separadas por fajones. En la fachada tiene un porche o galería elevada, con arcos de medio punto; la portada, clasicista, posee en su parte inferior un par de dobles columnas exentas sobre plinto, y en la superior un frontón partido por un templete con la hornacina que contiene la imagen de Santa Catalina. La torre se inscribe en el barroco, y está considerada como la más majestuosa de la provincia. No es la original, ya que ésa se derrumbó en 1618; nuevamente edificada y hundida en 1708, su aspecto casi actual se debe a Alejandro Núñez de la Barrera (quien dirigió las obras de los dos cuerpos inferiores, de planta cuadrada) y Miguel Mestanza (encargado de los dos cuerpos superiores, de forma octogonal con apilastramiento gigante de orden toscano), que la culminaron en 1765. Y decimos “casi” porque la Guerra Civil se encargó de tumbarla de nuevo, levantándose una réplica de la anterior en los años sesenta.

Iglesia de los Trinitarios o de Fray Juan Bautista de la Concepción, antiguo convento fundado por éste último, iniciado en 1624, y del que sólo quedan esta iglesia y el pasadizo elevado que cruza la calle Arco del Convento. Es representativa del estilo barroco con tendencia clasicista.

La ermita de San Sebastián, en el barrio de El Santo, es el templo más antiguo de La Solana y fue declarada Monumento en 1982. En las fuentes consultadas no hay acuerdo sobre la fecha de su construcción, que unos ubican en el siglo XIV y otros en el posterior. Su aspecto es de estilo gótico temprano; hay que reparar en su techumbre mudéjar, jalonada con artesanía de taracea policromada e incrustaciones de nácar y fondo de madera de ébano en una capilla del lado de la epístola. En los trabajos de restauración de 1984 aparecieron frescos en los muros de la nave, bastante deteriorados, con inscripciones cursivas góticas.

Convento de las Madres Dominicas, en la calle de Las Monjas. Su fundación data del siglo XVII, y actualmente está habitado por religiosas de clausura quienes han obtenido justa fama por los dulces conocidos como suspiros de monja, antigua receta que se prepara en días señalados.

La ermita del Humilladero, en la calle Don Rodrigo, cierra las visitas a la arquitectura religiosa.

En arquitectura civil vale la pena acercarse a ver la Casa de la Encomienda, en la calle Empedrada, que aunque remodelada en los años ochenta cuenta todavía con la torre santiaguista original; y el palacio de los Condes de Casa Valiente, conocido también como Casa de Don Diego, declarada en 1981 Monumento de Interés Artístico que, entre 1990 y 1993, tras su adquisición por el Ayuntamiento, fue restaurada gracias a la primera Escuela Taller de La Solana, convirtiéndola en Centro Cultural.

Cuenta con algunos edificios industriales como la fábrica de hoces “La Langosta” y la Panificadora.

Membrilla

Partimos de La Solana para coger de nuevo el camino principal de la ruta y dirigirnos a Membrilla.

El origen de este pueblo, que hoy cuenta con 6.620 habitantes, se debe a los árabes, a los que se les achaca haber construido el desaparecido castillo del Tocón, probablemente en el siglo XI, que tras sucesivos cambios de dueño pasaría definitivamente a ser cristiano tras la batalla de las Navas de Tolosa, en 1212, a la vez que puntal estratégico para la Orden Militar de Santiago, encargada de esta Encomienda lindante con la de Calatrava. Ya por entonces se adoraba a las imágenes de Santiago y de la Virgen del Espino que se guardaban en la capilla del castillo. Membrilla es la tercera villa en antigüedad de la comarca.

Membrilla ha basado tradicionalmente su economía en la agricultura, sobre todo en la vid, el olivo, los cereales y el cultivo del melón que cada año adquiere más importancia. El azafrán también ha sido objeto de laboreo por casi todas las familias de Membrilla.

Son muchas las fiestas que Membrilla celebra con devoción y gran participación popular, de entre las que destacan las fiestas patronales de Santiago y los Desposorios en honor a la Virgen del Espino, que se celebra el penúltimo fin de semana de agosto con la celebración de una procesión y la representación de “Los Desposorios de la Virgen María con San José”, que pasa por ser la única de estas características en España.

A 20 km. de Membrilla, en los términos de Membrilla y Valdepeñas, se encuentra el paraje natural “El Peral”, donde coexisten los baños termales romanos junto con áreas de arbolado anejas al cauce de un arroyo, con avifauna autóctona.

Patrimonio

Ermita de la Virgen del Espino. La primera edificación, que recibía por entonces el nombre de “Santa María del Castillo”, fue la capilla de la fortaleza del Tocón, única construcción que se mantuvo en pie de todo el conjunto militar. Es de una sola planta, a la que se le han añadido sucesivas estancias, como la vivienda del santero, el camarín de la Virgen y la capilla de Santiago. Está rodeada por un gracioso parque, con el mismo nombre de la ermita, en el que se celebran fiestas y verbenas.

Iglesia parroquial de Santiago El Mayor, del siglo XV. Toda ella es majestuosa. Sus dimensiones son de 60 metros de largo por 30 metros de ancho. Su planta es de cruz latina con crucero corto y diversas capillas en sus laterales; el ábside es hexagonal, con un nicho central, hallándose a los pies del templo un coro elevado sobre dos arcos carpaneles. En el exterior vemos la torre cuadrada, con dos cuerpos y chapitel cubierto de pizarra, y tres portadas de acceso, dos de las cuales están construidas en el estilo gótico flamígero, perteneciendo la tercera al barroco final.

Tomando la cercana calle de Las Monjas llegaremos hasta el convento y la iglesia de las Concepcionistas Franciscanas, construido en el siglo XVII. De grandes proporciones, ocupa un enorme solar y consta de tres plantas. En su fachada apenas hay huecos, excepto los arcos -muchos de ellos ciegos- del tercer piso y de la torre.

La arquitectura civil y popular tiene buena muestra en la diversidad de casas que todavía se conservan en las calles más rancias de la localidad, como la casa Niño Jesús, antigua propiedad de la Inquisición.

También es interesante acercarse a la ruta de los antiguos molinos de agua, en las riveras del río Azuer. El único que conserva su estructura original es el molino Rezuelo, un edificio de una altura, planta rectangular con fachadas ciegas, salvo la abertura de la puerta, y cubierta a dos aguas. Se localiza en la carretera local Membrilla-El Moral, al igual que otros en ruinas, como el molino de Pina, el de González y el del Comendador.

Manzanares

Dejando atrás Membrilla, llegamos a la carretera CM-9313, que comunica la localidad con la autovía de Andalucía. Tenemos que seguirla unos 100 m para retomar la senda de la ruta. El paisaje que nos rodea está compuesto de vid, olivo y trigo. Por un camino totalmente llano cruzamos la CM-9319 y nos encontramos con la ermita del Cristo. Estamos en las puertas de Manzanares.

Su historia comienza en la reconquista con los asentamientos y encomiendas de las órdenes militares. En el año 1229 comenzó a poblarse, perteneciendo todavía a la Orden de Santiago. Pasó a la Orden de Calatrava diez años después, y en el año 1352, contando ya con más de 200 pobladores, fue construida una muralla que lo circundaba; probablemente también de estas fechas data la construcción de su castillo, llamado Pilas Bonas, aunque otros historiadores creen más probable que sea anterior, del mismo siglo XIII, construido por la Orden de Calatrava. El siglo XV parece que fue el de mayor esplendor para Manzanares, pues de entonces data la construcción de su iglesia parroquial y varias ermitas. En los primeros años del Imperio, Manzanares fue municipio de los que guardaron fidelidad a Carlos I frente a las legitimaciones mostradas por los Comuneros. No obstante, debe su título de “Ciudad Fidelísima” no al hecho reseñado, sino a su participación más que notable durante la guerra contra los franceses, en el siglo XIX.

Manzanares es punto de encuentro en La Mancha; nudo de comunicaciones, zona obligada de paso si se va del norte hacia el sur, del este al oeste, o a la inversa. En la actualidad cuenta con unos 18.000 habitantes. Su economía está basada en la agricultura, la industria y los servicios. La actividad agrícola se fundamenta en el cultivo de la vid y los cereales, y son varias las cooperativas y empresas que se dedican a la transformación de estas materias primas para su posterior distribución y comercialización; de hecho, Manzanares cuenta con varios vinos de merecido prestigio. Pero esta localidad ha apostado por la inversión en infraestructuras industriales como el mejor medio para su progreso. Desde hace varias décadas, Manzanares cuenta con un amplio polígono industrial, cercano al centenar de empresas.

Patrimonio

Castillo de Pilas Bonas, localizado en la Plaza de San Blas, fue incluido como Monumento de Interés Histórico-Artístico en el año 1979. Fue construido el año 1239, con posterioridad al deslinde de los territorios de las órdenes de Santiago y Calatrava. En el Castillo estableció la orden de Calatrava la Sede de la Encomienda de Manzanares. Conserva la torre del homenaje, la plaza de armas y la antigua capilla. De él partían unas murallas en la época de la repoblación. En la actualidad ha sido restaurado y acondicionado como establecimiento hotelero. Las caballerizas se han convertido en zona de exposiciones o sala polivalente, lo mismo que la edificación en segunda planta que hay sobre ellas.

Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, construida a finales del siglo XIV o comienzos del XV. La portada es de una etapa posterior, y está calificada como un excelente ejemplo del plateresco de finales del siglo XVI; en ella destaca el tímpano -con relieves de la Asunción, la figura de Dios Padre y los ángeles músicos- y las trompillas en forma de abanico. El interior es de una sola nave con ábside ochavado y torre a sus pies. La torre consta de tres cuerpos, con planta cuadrada en el inicio, octogonal al nivel del campanario y chapitel como remate; en consonancia con los manieristas andaluces, está decorada en el ábside con lienzos, obra del pintor local Antonio Iniesta. La iglesia ha sufrido varios incendios, uno en el siglo XVI y el último durante la Guerra Civil, por lo que ha necesitado de varias restauraciones, la última de ellas en 1985. Fue declarada Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento en 1991.

En la misma Plaza de la Constitución en que se encuentra la iglesia parroquial, está el Ayuntamiento; saliendo de ella por la calle Rey llegamos hasta Doctor Fleming, que nos conducirá hasta la popular Casa del Santo, formando esquina, lugar para devotos de la imagen que puede verse en el balconcillo de madera; tiene la fachada encalada y la puerta, que da entrada a un patio interior, está formada por dintel y pilastras que los sustentan.

En la misma calle, no lejos, se encuentra el convento de Concepcionistas Franciscanas Descalzas; sus moradoras se deben a la disciplina de la clausura, pero vale la pena admirar su fachada barroca del siglo XVII, así como las numerosas casas de siglo XVII y XVIII que hay por las calles de alrededor. Buen ejemplo de éstas sería la casa del Marqués de Salinas, o como se la conoce popularmente, la Casa de Jonte, en la calle Virgen del Carmen.

En la acera de enfrente se halla otra casa señorial, en la que, según consta en una placa de la fachada, llegó a pernoctar Santa Teresa de Jesús. Merecen visitarse su patio interior y las bodegas, hoy todo restaurado por el Ayuntamiento para convertirlo en el Centro Cultural “Ciega de Manzanares”, ilustre poetisa del siglo XIX nacida en esta localidad, a quien además le han dedicado su paisanos un monumento en la Plaza del Gran Teatro. También en ésta encontramos el teatro que le da nombre, un vistoso edificio de fachada encarnada con decoración inspirada a comienzos del siglo XX. Se inauguró en 1995, sobre los terrenos que ocupaba el antiguo gran teatro (construido en 1911 y derrumbado en los años setenta); tiene un aforo para 700 espectadores y es la sede principal del Festival de Teatro “Lazarillo”.

Los lugareños también le invitarán a que visite, sin duda, la ermita de la Vera Cruz, que guarda las imágenes del Cristo del mismo nombre y del patrón de Manzanares, Nuestro Padre Jesús del Perdón, escultura replicada de la original (datada del siglo XVII) que fue destruida, junto con la ermita, en el año 1936. La ermita parece que fue construida inicialmente en el siglo XVI. Siguiendo la composición de la actual fachada, con el criterio de la Hermandad, y con la ayuda de canteros de El Escorial, se convertirá esta pequeña ermita en un hito casi escultórico de la monumentalidad manchega. Desde el 14 de septiembre de 1988, fecha de su inauguración, se puede visitar la Cripta-Museo que se construyó bajo la nave central de la Ermita, en la cual se pueden admirar los recuerdos de la historia de la Cofradía. No es la única ermita, también podrán visitar las dedicadas a San Antón, a San Blas y a la Virgen de la Paz.

Otros lugares que merecen visitarse son la Fábrica de Harinas, de principios del siglo XX, de rasgos historicistas y eclécticos, con pequeños arquillos ciegos y arcos apuntados en el remate de las pilastras del cuerpo superior; la Plaza de Toros, en la que encontró la muerte el matador Ignacio Sánchez Mejías; el Casino, proyectado por Daniel Rubio en 1919, con un rico y decorado cuerpo superior; y el acogedor Parque del Polígono, con una extensión de 90.000 m2.