Un establecimiento que data de 1967

En 1967, estando trabajando de camarero Fernando Martínez Useros, propietario del restaurante Nuestro Bar, junto a su hermano en un restaurante de Albacete, llegó a sus oídos que una casa de cervezas ayudaba con un préstamo de 350.000 pesetas a aquellas personas que quisieran abrir su propio establecimiento. Aprovechando que en aquellos momentos su padre era propietario de un local que tenía alquilado como salón de baile, donde Fernando era parte integrante de los músicos tocando la batería, los hermanos Martínez Useros decidieron abrir su propio restaurante con el apoyo de sus esposas y el préstamo que ofrecía la casa de cervezas.

El nombre del local, Nuestro Bar, producto del ingenio de Fernando, fue lo primero que pronto gozó de gran popularidad por el equívoco al que se prestaba: “Se me ocurrió ponerle al restaurante ‘Nuestro Bar’ pensando en el negocio, creí que sería un éxito porque se comentaría entre la gente y, efectivamente, así fue. Incluso, hoy en día, las personas que vienen de fuera y piden a los taxistas que les lleven a un buen lugar para comer, caen en el equívoco del nombre pensando que quizá los taxistas tienen un bar en régimen de cooperativa, por lo que les preguntan enseguida, ¿es que tienen ustedes un bar?”, explica Fernando, añadiendo que tras la enorme popularidad que pronto adquirió el nombre, intentaron no defraudar con la comida que servían, de manera que cada día se abarrotaba más el local.

Siete años después, Manolo Martínez, el hermano de Fernando, y su esposa decidieron abrir la cafetería La Fuente, quedándose Fernando y su esposa al frente del negocio que fueron ampliando con sucesivas reformas hasta configurar el actual local: un restaurante con cinco comedores, aunque desde la calle, por la pequeña longitud de su fachada, parezca aquel pequeño restaurante que se inauguró en los años 60, y en el que día a día trabajan este emprendedor matrimonio junto a sus tres hijos.

Genuina gastronomía manchega

Nuestro Bar ofrece a sus comensales la más típica gastronomía manchega: lomo de orza, perdiz Nuestro Bar, atascaburras, queso frito, ajo de mataero, gazpachos con caza, migas ruleras con uva y chorizo, cordero, pisto manchego, moje, miel sobre hojuelas, panecitos de semana santa, pan de calatrava… Además, en la carta de Nuestro Bar cada pueblo de la provincia de Albacete tiene un plato representado, que únicamente hay que solicitar con 24 horas de antelación.

Según indica el propietario de Nuestro Bar, Fernando Martínez Useros, la mayor demanda se inclina, sin lugar a dudas, hacia “los gazpachos manchegos, en plural, que no es lo mismo que el gazpacho, en singular”, aclara, para apuntar que en verano incluyen en el menú “Duelo de gazpachos”, que consiste en tomar como primer plato gazpacho andaluz, a modo de ensalada, y de segundo, como plato fuerte, los gazpachos manchegos, “que no todo el mundo los conoce y a la gente le encantan cuando los prueban”, afirma.

Desde sus inicios, Nuestro Bar ha ofrecido a sus comensales las más típica cocina manchega: “En un principio fueron nuestras esposas las que pusieron la piedra fundamental a la cocina. Posteriormente, la publicación del libro de recetas de Carmina Useros reforzó todos nuestros deseos de dar a conocer la cocina de nuestra tierra”, señala, elogiando la labor realizada por Carmina, quien junto a su esposo, Manuel Belmonte, recorrió toda la provincia de Albacete, pueblo a pueblo, para plasmar en sus libros las recetas más tradicionales.

Progresar hacia las raíces

En cuanto a la línea vanguardista que se está imponiendo en los últimos tiempos en el mundo gastronómico, aunque para Fernando es muy importante innovar y no quedarse estancado, “en el caso de Nuestro Bar el progreso siempre ha sido hacia las raíces”, destaca. Fernando precisa la importancia que tiene hoy en día el cuidado de la presentación, poniendo como ejemplo la diferencia que hay entre la vajilla que se usaba antes y la que se usa ahora, siendo en ocasiones “más caro el plato en sí que la comida que se sirve en él”, comenta, para añadir que todavía hay quien prefiere degustar ciertos platos como se han comido tradicionalmente, en cazuela de barro.

En los últimos tiempos, es frecuente encontrar restaurantes en los que sirven pequeñas degustaciones presentadas en grandes platos, con las que Fernando cree que los comensales se quedan hambrientos, y aunque habrá sitios donde se impone esta moda, “a mí me han aconsejado mis mismos clientes que continúe sin salirme de la línea de siempre, en la que intento tener la mejor presentación pero, indudablemente, nosotros damos de comer porque es a lo que vienen los clientes”, asegura.

“Los vinos de Castilla-La Mancha son inmejorables”

En la bodega de Nuestro Bar, los vinos castellano-manchegos ocupan un destacado lugar y existe una carta comentada que guía a los comensales en su elección. A parte de los vinos manchegos, “tenemos que tener otras denominaciones de origen”, apunta Fernando.

Según manifiesta el restaurador a veces le es difícil ocultar su desagrado cuando el cliente se decanta por un Rioja o un Ribera del Duero en lugar de uno de “los magníficos vinos que tenemos en Castilla-La Mancha, que gozan ya de un extraordinario prestigio”, significa, para matizar que existe una gran demanda de vinos de la Región, “incluso vienen de la Rioja y piden vinos de La Mancha porque vienen a conocer nuestra gastronomía”, revela.

En opinión de Fernando, “los vinos de Castilla-La Mancha son inmejorables, lo mejor que hay en el mundo”, estima, indicando que el principal problema que ha habido en Castilla-La Mancha en el sector vitivinícola es que durante muchísimo tiempo se embotellaban nuestros vinos en otros sitios bajo otras denominaciones pero actualmente la situación es bien distinta gracias al compromiso de las instituciones de ayudar al viñedo, con lo que se están logrando hechos extraordinarios, “vinos que jamás imaginamos que íbamos a tener y que los clientes demandan cada día más, con un predominio de los tintos sobre los blancos, puesto que la mayoría de nuestro platos requieren el tinto”, distingue.

Decoración típica manchega

Desde que se inauguró Nuestro Bar, en 1967, hasta hoy, se han realizado cuatro ampliaciones, de manera que actualmente el local consta de cinco comedores (El Porche, el Portón, La Camarica, La Bodega y el primer comedor que es el de fumadores), decorados con el más puro estilo manchego: las paredes en blanco con el tono azul manchego están adornadas con platos típicos de la ciudad toledana de Talavera de la Reina, antiguos utensilios de labranza y de cocina, portadas y cuadros con referencias del Quijote.

A lo largo de estos 30 años, la plantilla de Nuestro Bar ha ido aumentando en consonancia a las dimensiones que ha ido adquiriendo el local, de manera que consta actualmente de 24 personas, de las cuales “algunas llevan más de 30 años, personas de mucha confianza y a las que la clientela conoce tanto que eligen la comida por ellos”, señala Fernando, para subrayar la importancia que tiene para el cliente entrar en un restaurante en el que tiene depositada toda su confianza, “lo que además nos hace esforzarnos para no defraudarla”, asevera.

Por otra parte, toda la plantilla del restaurante lleva cerca de 15 años realizando un viaje con todas las familias a principios de julio, lo que, en opinión de Fernando, les está uniendo mucho y unos días antes de emprender el viaje ya se puede apreciar la alegría y el alboroto de todo el personal en Nuestro Bar.

Exquisita atención al cliente

Fernando Martínez confiesa tener dos libros de cabecera que le han ayudado mucho en su profesión, la Biblia, de la que ha aprendido cómo intentar ser buen cristiano, y “La cocina de Albacete” de Carmina Useros.

De la lectura de la Biblia, Fernando ha llegado a la convicción de que cada uno en su profesión debe ser honesto y amable, entendiendo que la gente que se acerca a su local tiene realmente más hambre de amabilidad que de comer, por lo que además de ofrecer comida, para Fernando, es muy importante hacer que los clientes se sientan bien, tengan paz y una atención como es debido, “para que se sientan como en su propia casa”, matiza.

Esta preocupación por el bienestar de los demás les ha llevado a mantener un comedor de niños en Perú, “una iniciativa en la cual también participan los trabajadores y gracias a la cual más de 70 niños pueden comer, simplemente con un pequeño esfuerzo por nuestra parte, ya que con un euro comen cuatro niños todos los días”, manifiesta, añadiendo otras cooperaciones con entidades dedicadas a la ayuda a los más necesitados.

Poseedor de la “Q” de calidad turística

Hace algunos años, el propietario de Nuestro Bar decidió solicitar la certificación “Q”, marca de calidad turística española, obtenida recientemente como así hace constar la placa que figura en la fachada del local. Para su obtención, en opinión de Fernando, ha requerido mayor esfuerzo el papeleo necesario, que se ha prolongado durante años y del que se ha ocupado su hijo, que adaptar el restaurante a las exigencias de esta certificación, ya que Nuestro Bar cumplía desde hace años la gran mayoría de los requisitos requeridos, entre los que destacan la higiene y la limpieza, con extremo cuidado en los alimentos, de manera que sólo pueden pasar a la cámara aquellas personas que lleven el calzado adecuado; la calidad de los productos y la fecha de caducidad de los mismos; así como todo lo que concierne al trato con el cliente: amabilidad, prontitud, etc.

Para cumplir con todas las exigencias de la marca de calidad, es necesaria la colaboración diaria de toda la plantilla, desempeñando cada uno su cometido, bajo la supervisión de Fernando y su hijo, que son conscientes de que la concesión de la certificación no sirve de nada si los compromisos adquiridos no tienen una continuidad en el tiempo, puesto que con las revisiones periódicas igual que se la han concedido se la pueden retirar.

Fernando Martínez no duda en afirmar que la “Q” de calidad da un prestigio al restaurante que la consigue pero “favorece al cliente de manera absoluta, dándole la garantía de que está en un sitio donde se realizan exhaustivas inspecciones periódicas”, destaca.

Precisamente por su calidad indiscutible y por el cuidado en todos los aspectos, Nuestro Bar ha recibido prestigiosos premios (Primer y Segundo Premio de Gastronomía de Castilla-La Mancha y el Plato de Oro a la Gastronomía en España) y figura en todas las guías desde hace muchos años (Michelín, Gourmet Tour, CAMPSA…).

A pesar de todos estos reconocimientos, incluyendo los que son en metálico, el mejor premio que ha recibido Fernando fue el de un cliente anónimo que escribió en el libro de firmas “es usted un manchego que honra su tierra”.

Pionero en la elaboración de cocina manchega

Según indica el propietario de Nuestro Bar, entre semana la mayoría de los clientes que frecuentan su restaurante son personas de fuera de Albacete que se encuentran en la ciudad por motivos laborales, aunque suelen ir acompañados de algún albaceteño. Sin embargo, los fines de semana hay un predominio de personas de Albacete, sin olvidar a aquellos que se acercan acompañados de familiares que han venido a visitarlos y los traen a Nuestro Bar para volver a disfrutar de aquellos platos que comían en su infancia. En realidad, continúa Fernando, el local está lleno en todas las temporadas del año porque “lo que baja en verano del público de Albacete sube del turismo”, sopesa Fernando, confesando que cuando hicieron la variante por fuera de Albacete temieron que bajase la clientela pero su sorpresa fue que la gente se desviaba de la carretera para acercarse a comer a Nuestro Bar, lo que considera de agradecer y “ha hecho que cada día estemos más volcados en un público que cada día demanda más la gastronomía y los vinos de nuestra tierra”, asegura.

De hecho, Nuestro Bar, desde su apertura, gozó siempre de una gran aceptación, “sentando un precedente porque ahora en muchos restaurantes se pueden comer platos típicos de La Mancha pero hubo una época en la que la tendencia era ofrecer otras cosas, por ejemplo gambas a la plancha, y nosotros en aquella época apostamos por potenciar la gastronomía castellano-manchega”, resalta, agradeciendo la fidelidad a los clientes que a través de estos 40 años siguen acudiendo y celebrando en Nuestro Bar sus acontecimientos familiares. No obstante, Fernando cree que es una profesión muy sacrificada, sobre todo para compaginarla con las relaciones familiares, que bajo su punto de vista es lo más importante que hay en la vida. Sin embargo, muestra su gran satisfacción al afirmar que sus tres hijos continuarán con la misma línea que Nuestro Bar ha tenido siempre.

Internacionalización de la gastronomía manchega

Albacete viene experimentando un progresivo crecimiento de población que, en opinión de Fernando, ha repercutido positivamente en el sector de la hostelería, a lo que añade el aumento de afluencia de personas de fuera, “con un notable incremento a raíz de la celebración del IV Centenario con el que las instituciones han conseguido dar un gran empujón a nuestro turismo”, asevera, corroborando esta afirmación por la cantidad de fotos que se hacen los extranjeros con los cuadros del Quijote de fondo.

En este sentido, Fernando confiesa haberse sentido muy orgulloso de haber podido llevar el Quijote y nuestra gastronomía a otros lugares del mundo a través de jornadas gastronómicas: unas, acompañados de otros restaurantes locales como las que se celebraron en el restaurante Alabardero de Washington, a las que acudieron también el restaurante Emilio de Hellín, Pincelín de Almansa y Álvarez de Albacete; o en otras ocasiones por contactos personales, como la invitación a Locarno por mediación de unos clientes suizos para que elaboraran en un restaurante de la cadena Mövenpick una degustación de platos manchegos, un éxito del que Fernando dice estar muy satisfecho. Además, existe una estrecha relación con una familia de Jerez de la Frontera y el Puerto de Santa María, actualmente afincados en Filipinas, que tienen gran interés en realizar unas jornadas allí.

Bajo el punto de vista de Fernando, todo este tipo de iniciativas ha contribuido a que “Albacete haya dejado de ser esa gran desconocida, incluso en ciertas ocasiones se mencionaba su nombre con cierto desprecio y nosotros mismos parecía que nos avergonzábamos de nuestra procedencia, pasando a ocupar el lugar que merecemos todos los que hoy en día nos sentimos orgullosos de ser manchegos”, subraya Fernando Martínez Useros.