Una ocupación que data de la Edad del Bronce

Alarcos constituye en la actualidad uno de los conjuntos arqueológicos más espectaculares de la Región, no sólo por su extensión de 33 hectáreas de espacio intramuros sino también por la importancia de sus restos ibéricos y medievales.

Los vestigios arqueológicos evidencian la ocupación humana del cerro desde la Edad del Bronce hasta la Plena Edad Media, con un largo periodo intermedio de despoblación en épocas romana y visigoda.

Los trabajos de excavación y restauración que se vienen realizando en el Parque Arqueológico de Alarcos desde 1984 han permitido recuperar un sector de la trama urbana de la ciudad ibérica, así como buena parte de la muralla y del castillo medieval. Además, Alarcos fue escenario de una de las batallas más significativas de la Edad Media peninsular: la que enfrentó a cristianos y almohades en 1195, cuyos restos, descubiertos ahora, forman un conjunto de armas único.

Desde su creación en 2003, los dos yacimientos que componen el Parque Arqueológico de Alarcos, Alarcos y Calatrava la Vieja, han recibido cerca de 100.000 visitantes y se llevan a cabo diversas actividades como son los ciclos de música medieval y los trabajos realizados por la escuela taller, encargada del mantenimiento y la restauración de algunos de los espacios de los dos yacimientos del Parque.

En 2006 fue creada la Asociación de Amigos del Parque Arqueológico de Alarcos y el 16 de marzo de este año se constituyó la Junta Asesora, cuyas funciones, entre otras, son las de informar sobre el plan de actuación del Parque y proponer actividades a desarrollar en el recinto.

Uno de los yacimientos más extensos de Castilla-La Mancha

Las ruinas del antiguo “oppidum” ibérico y de la ciudad medieval de Alarcos constituyen uno de los conjuntos arqueológicos más espectaculares de la Región, no sólo por la importancia de sus restos ibéricos y medievales localizados, sino también por la extensión que ocupa, ya que sus 33 hectáreas dentro del perímetro de muralla lo convierten en uno de los yacimientos más extensos de Castilla-la Mancha.

Situado en un punto estratégico, en un cerro elevado en la margen izquierda del río Guadiana, fue un lugar idóneo para el asentamiento de grupos humanos, que lo ocuparon desde la Edad del Bronce hasta nuestros días.

En esta amplia secuencia cultural destacan dos etapas. Por un lado el desarrollo de la cultura ibérica, que podemos fechar entre los siglos VI-III a.C. que ha dejado valiosos vestigios de los que sobresalen los restos de un santuario y un gran sistema viario.

Por otro lado, está perfectamente documentado un poblamiento medieval centrado principalmente en el siglo XII. Esta última etapa histórica es la más conocida en la actualidad por ser este el lugar donde se produjo la batalla de Alarcos el 19 de julio del año 1195.

En el siglo XIII, tras la victoria cristiana de las Navas de Tolosa en 1212 y tras el traslado de su población a Ciudad Real, se edificó la ermita dedicada a la Virgen de Alarcos y desde entonces se celebra una popular romería, por lo que el paraje es uno de los más visitados de la zona.

Ciudad islámica de Calatrava la Vieja

Asociado al Parque Arqueológico de Alarcos, se encuentra la ciudad islámica de Calatrava la Vieja, situada a unos 5 kilómetros al norte de Carrión de Calatrava, junto a la ribera del Guadiana y a 5 Kilómetros en línea recta del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel.

Ha sido un lugar con un notable pasado prerromano y en el que se observa la sucesiva superposición de diferentes periodos medievales: Omeya, Taifa, Almorávide, Cristiana, Almohade y finalmente Cristiana. Calatrava la Vieja perdió su importancia desde el momento en que las razones estratégicas, económicas y militares ya no eran primordiales para su ocupación.

Fundada durante el período omeya, es citada en las fuentes árabes con el nombre de Qal’at Rabah, situándola, junto al camino principal que comunicaba Toledo con Córdoba.

Casi totalmente destruida por los toledanos en el año 853, fue reconstruida el año siguiente por al-Hakam, hermano del emir Muhammad I, acrecentando su importancia a partir de ese momento, para convertirse en la cabeza de una amplia zona de La Mancha y en el más importante punto de apoyo del poder central Cordobés, llegando incluso a tener gobernadores propios.

A lo largo del Siglo XI, Qal’at Rabah osciló alternativamente en la órbita de los diferentes reinos de taifas vecinos: Toledo, Badajoz y Sevilla.

Con la llegada del nuevo poder africano almorávide que se implanta en Al-Andalus se convierte en el más importante núcleo islámico frente al Toledo cristiano.

Conquistada por Alfonso VII en 1147, pasó a ser la población cristiana más avanzada e importante frente a Al-Andalus. Ante la dificultad que suponía la defensa de una región tan amplia y después de fracasar la encomienda dada a los templarios, en 1158 Sancho III la entregó a la Orden del Cister, fundándose así en ella la primera Orden Militar Hispana, que adoptó el nombre castellanizado del propio lugar: Calatrava.

Perdida en 1195, como consecuencia de la batalla de Alarcos en la que los almohades vencieron a las tropas de Alfonso VIII, estuvo 17 años en manos musulmanas y en 1212 fue conquistada definitivamente por este mismo monarca durante la campaña de las Navas de Tolosa y, si bien fue devuelta a la Orden de Calatrava, nunca más recobró su antigua prosperidad. La sede de la Orden fue trasladada más al sur en el lugar que desde entonces vendría a denominarse Calatrava la Nueva, mientras que la sede anterior quedó sólo como la cabeza de una declinante encomienda.

La construcción de la érmita, de estilo gótico, se sitúa entre los siglos XIII y XIV

Situada en el extremo noreste del cerro, a la ermita se accede por una abertura fabricada en la muralla medieval. Su planta es de cruz latina y está dividida en tres naves de altura desigual. La nave principal es más alta y ancha que las laterales y están separadas entre ellas por diez pilares macizos de base octogonal que sirve de soporte a ocho arcos apuntados, construidos con piedra caliza.

El interior de la ermita tiene tres portadas: la primera, en el lado de la epístola; la segunda, a los pies de la iglesia, tiene arcos apuntados sobre jambas de sillería; y la tercera, en el lado del evangelio, tiene un arco rebajado y está construida enteramente de ladrillo.

A los pies del templo, y sobre la puerta, se abre un rosetón de tracería compuesto por 19 lóbulos y todo él encerrado en un marco rehundido de forma cuadrada.

La techumbre se encuentra muy restaurada y está formada por un artesonado muy simple; el original era de traza mudéjar con alfarjes pintados tal y como aparecen en una de las capillas laterales.

Se puede situar su construcción en el estilo gótico entre los siglos XIII y XIV, coincidiendo con el período de crecimiento de Ciudad Real.

Vestigios de la Batalla de Alarcos, un conjunto único en Europa

El 19 de julio de 1195, Alarcos fue escenario de la batalla que lleva su nombre y que enfrentó a cristianos y almohades en la llanura que se ve entre Alarcos y Poblete.

Tras la victoria almohade y el asalto a la villa, las fosas de cimentación de la muralla, que aún se encontraban abiertas, sirvieron para arrojar los despojos tras el enfrentamiento, tanto los cuerpos de los defensores como algunas de las caballerías del ejército vencedor. Allí mismo se vertieron los restos de deshecho del campamento de Alarcos: restos de animales, cuencos, cántaros, jarras, etc.

Entre estos restos, puntas de flechas, lanzas, espadas de infantes, cuchillos cortos, acicates, herraduras y demás armas se distribuían en la fosa sin ningún orden. Además, toda una serie de piezas que ilustran cómo era el pertrecho de un ejército de la época: hoces para la recolección de la mies, adornos de la vestimenta, dados para el juego, flautas, botijas y cantimploras.

Todo ello hace que a este conjunto se le considere como único en Europa.

Alarcos Medieval

Con una extensión de 33 ha, el complejo Alarcos Medieval está rodeado por una gruesa muralla de 3 m de espesor. La ciudad fue construida rompiendo alguno de los restos de la ciudad oretana sobre la que se encuentra.

En su construcción se aplicaron distintas técnicas. La primera es de mampostería y se asienta directamente sobre la roca cuarcítica. Sobre ella se desarrolla una segunda, del mismo momento, en la que una sucesión de tapiales encerados de piedra trabados con cal y puzolana le han dado el aspecto grisáceo que posee. Sus esquinas se reforzaban con sillares, con la marca del cantero. Tras el abandono de Alarcos, este material fue reutilizado en Villa Real para la construcción de los edificios públicos más antiguos.

Los resultados de la investigación confirman que toda la villa de Alarcos se encontraba en proceso de construcción en los años inmediatamente anteriores a 1195 y los materiales de obra aparecidos junto a la muralla así lo confirman.

La mayoría de la ciudad aún se encuentra oculta y tan sólo una pequeña parte de ésta ha sido sacada a la luz. Conserva una de las puertas secundarias de la ciudad. La principal, probablemente, se localizaría algo más al sur.

Espectacular desarrollo de la cultura ibérico-oretana

El poblamiento más antiguo se remonta a la Edad del Bronce Pleno con la construcción de un poblado en altura en la parte occidental del Cerro, controlando el vado del río Guadiana y los pasos hacía Andalucía y Levante.

Hacia el siglo IX a. C., en la transición a la primera Edad de Hierro, se produce un desplazamiento de la población que se va asentando en el resto del Cerro, manteniendo contactos con otros lugares de la Península, especialmente con el Suroeste y la Meseta Norte, contactos que se mantienen e incrementan en los siglos siguientes.

En el siglo V a. C. la cultura ibérica-oretana está plenamente formada y consolidada en Alarcos, alcanzando a lo largo de los siglos IV y III a.C. un espectacular desarrollo. La población aumenta y espacios antes dedicados a necrópolis son ocupados por viviendas.

A través de todo este largo período se documentan al menos tres fases de ocupación, en la que se aprecian los cambios producidos en el poblado. Las casas, de forma rectangular, tienen una o dos habitaciones con zócalos de piedra, paredes de adobe y techo vegetal. Se organizan en torno a calles pavimentadas con lajas de cuarcita o caliza. En su interior se han encontrado los materiales utilizados por sus habitantes, como cerámicas, útiles de bronce y hierro, de hueso, etc.

A unos 100 m se localiza un espacio sagrado, muy afectado por las construcciones posteriores, en el que destaca una estructura de forma rectangular, relleno de piedra y de aspecto monumental, enmarcada por una calle de lajas de piedra caliza.

En este entorno han aparecido unos 60 exvotos de bronce o pequeñas figuras que los íberos ofrecían a sus dioses, costumbre que aún no se ha perdido en el cerro y que continúa en la actual devoción de la virgen de Alarcos. A este espacio también se asocian cerámicas de importación griega, campanienses y toda una serie de objetos que podríamos interpretar como ofrendas.

En el lado sur del cerro, se situaría la necrópolis principal. De esta zona proceden las esculturas zoomorfas en piedra y el casco celtoitálico, hoy en el Museo Provincial, cuya cronología corresponde con los momentos de máximo esplendor de la ciudad oretana que el tiempo ha ido sacando a la luz.

El castillo, de origen islámico, ha sido testigo de la historia de la comarca

El castillo, situado en el centro de la ciudad, ha sido testigo de todos los avatares históricos vividos por la comarca. Sobre estratos de la Edad del Bronce e ibéricos se asentó un castillo de la primera dominación islámica, del que quedan algunos restos.

Desde la conquista de Toledo, en 1085, hasta la definitiva conquista de Alarcos, en 1212, el castillo de Alarcos se verá sometido a un proceso de transformación que afectó a todas sus estructuras. Está englobado dentro de la misma planificación diseñada para el resto de la ciudad por Alfonso VIII. En el exterior se rehicieron las torres, cambiando incluso su forma, adaptándola a los nuevos diseños, a la vez que se sumaban otras estructuras defensivas.

El interior del castillo se encontraba en pleno proceso de adaptación en 1195 pero quedó inconcluso. Los restos constructivos que aparecen son testigos del gran proyecto que pretendía realizar.

Tras la conquista almohade, después de la Batalla de Alarcos, se produce una readaptación del espacio interior del castillo. Articulado éste por calles enlosadas que dan paso a una serie de dependencias que cumplen distintas funciones: alcobas, cocinas, fragua, letrina, etc. A todas ellas, se accede desde un patio que también se encuentra enlosado.