Ubicado al norte de la comarca del Campo de Montiel, tierra de hazañas entre el Ingenioso y su compañero, , se levanta la localidad albaceteña de El Bonillo. Un municipio de poco más de 3.200 habitantes, en el que se conjuga tradición y modernidad.

Su origen se remonta a los siglos XII y XIII fruto de la unión de tres aldeas; Sotuélamos -pedanía de El Bonillo-, , de la que se conserva una antigua posada romana y vestigios de una calzada de la época, y Santa Catalina, una aldea sujeta a los templarios en cuyas proximidades se encuentran las salinas de Pinilla. En el año 1620, éstas pasaron a ser de titularidad real, hasta que se privatizaron con la desamortización de Mendizábal. Cuenta la leyenda que estas poblaciones estaban ubicadas en zonas que se inundaban con facilidad y se hermanaron en Cerro Bueno -actual emplazamiento de la iglesia de Santa Catalina- atraídos por la gran cantidad de caza que había y por la calidad de las tierras.

Originariamente, El Bonillo estaba sometido a la jurisdicción de Alcaraz, hasta que el 12 de febrero de 1538 el emperador Carlos I de España y V de Alemania le otorgó el título de villa, concediéndole autoridad para ejercer la jurisdicción civil y criminal. A partir de este momento, los bonilleros gozaban de permiso para construir horca y picota.

Una picota de cinco metros de altura y un peso aproximado de 6.200 kilos, construida en el Cerro de San Cristóbal, lugar más alto del pueblo y que servía para aplicar justicia y exponer a los reos. En la actualidad, es el único rollo de la provincia que se conserva en su lugar original y su historia está ligada a la propia identidad de los bonilleros, pues nadie entendería este municipio sin su rollo. De vuelta a los orígenes de esta localidad albaceteña, fue en el año 1566, cuando Felipe II ratificó el título de villa entregado por su progenitor, ampliando los límites del término municipal en dos leguas.

Guardián de un tesoro de incalculable valor

Pasear por las calles de El Bonillo, sobre todo por su casco histórico, invita al visitante a dejar volar su imaginación y recrear el modo de vida de sus gentes durante la época romana y medieval. Algo para lo que acompaña la enorme riqueza patrimonial que atesora este municipio y que se deja notar desde que uno aterriza en su Plaza Mayor.

En ella se levanta la Iglesia de Santa Catalina, un templo del siglo VIII, pero construido sobre una iglesia anterior del siglo XVI. Tiene planta de salón, con pilares de planta cuadrada y cuenta con doce altares. En su estilo arquitectónico conviven elementos de finales del románico con principios del gótico y de ella también cabe destacar la escalera de Santa Catalina por la que se accede a la torre, que es de tipo caracol y estilo vandelviresco y la ventana plateresca que se conserva a la torre.

En la parte superior, hay un órgano que data de finales del siglo XVIII, aunque se han encontrado escritos del año 1549, en los que ya se hace referencia a este instrumento.

La riqueza de la iglesia de El Bonillo va más allá. En su interior se esconde una de las joyas de la corona de este municipio, un museo sacro que da cobijo a obras cuyo valor es incalculable. Entre ellas, podemos contemplar una de las más representativas para los bonilleros, El Cristo de los Milagros, del artista Vicente López; El Cristo abrazado a la cruz, de El Greco; San Francisco de Paula, y San Pedro Arrepentido, obra que se le atribuye a José Rivera, y La Magdalena, de , entre otras pinturas.

En la actualidad son los miembros de la cofradía del Cristo de los Milagros, quienes custodian este legado artístico y hacen las veces de guía a quienes están interesados en visitar este museo. Sólo el año pasado, alrededor de 700 personas se acercaron a contemplar esta muestra.

Sin embargo, tal y como explicó el alcalde de El Bonillo, , a la revista La Cerca, lo que se pretende en un futuro no muy lejano es favorecer y mejorar la accesibilidad a esta sala. Es decir, que tenga un horario de apertura al público definido, tanto por la mañana como por la tarde y se convierta en un atractivo más de cara a la revitalización turística de esta localidad.

Los bonilleros sienten admiración por el Cristo de los Milagros, patrón de la localidad, y dicen que tal milagro tuvo lugar un 4 de marzo de 1640, segundo domingo de Cuaresma. Cuentan que Antón Díaz había oído misa rezada en la parroquia y estando ya en su casa, mientras amasaba una torta cenceña vio cómo sudaba el Cristo, que estaba colgado de la pared.

El cuadro de Vicente López, que descansa en este Museo Parroquial, capta el momento en el que Fray Miguel Garcés de la Cañada toma la imagen del Cristo ante la atenta y desgarrada mirada de Antón Díaz.

En la actualidad, los bonilleros rinden honor a su patrón dos veces al año; el 4 de marzo y el 14 de septiembre, convirtiéndose en uno de los pocos cristos a los que se les venera en dos ocasiones.

Tras los pasos de Andrés de Vandelvira

Sin salir de la Plaza Mayor de El Bonillo, frente a la Iglesia, se contempla el Ayuntamiento. Un edificio del año 1599 con dos arquerías de estilo vandelviresco en el que se puede diferenciar el escudo de la localidad en su parte derecha.

Esta representación heráldica está formada por una torre central custodiada por dos sabinas y con una referencia al agua en su parte inferior, lo que representa las principales señas de identidad de los bonilleros; su sistema lagunar, su bosque de sabinas y la torre de Santa Catalina.

El Ayuntamiento junto con la Iglesia constituye el centro monumental de la villa, incluido dentro de la ruta dedicada al arquitecto alcaraceño de la época renacentista Andrés de Vandelvira.

Se trata de un recorrido que continúa por los municipios de El Ballestero, Viveros, Alcaraz, Vianos -de la provincia de Albacete-, Villacarrillo, Sabiote, Úbeda, Canena, Baeza, La Guardia de Jaén y Huelma -de la provincia de Jaén-.

No todo es riqueza histórica y cultural en El Bonillo, pues goza de una gran cantidad de recursos medioambientales capaces de conquistar a los amantes a la naturaleza. Un paisaje en el que predomina el monte abierto y las vastas extensiones de llanura y en el que se hace hueco un sabinar declarado de excepcional interés, tanto por la cantidad de árboles como por la edad de los mismos.

Amplia variedad de ecosistemas

La madera de las sabinas es imputrescible y debido a su resina presenta una elevada resistencia a los insectos. Junto a ellas, de las que se desprende un olor muy característico, conviven especies de hierbas aromáticas como el tomillo, el romero, la mejorana o la santolina, entre otras. En cuanto a la fauna que vive en los bosques de sabinas, destaca el conejo, el águila imperial, el búho real, el águila culebrera, el gato montés, el lirón o la gineta, entre otras especies.

El sabinar no es el único ecosistema representativo de El Bonillo, sino que alberga una gran biodiversidad natural. Destacan, también, unas formaciones lagunares que reciben el nombre de navas y navajos. Son ligeras depresiones del terreno que se llenan de agua con las lluvias y forman lagunas, en las que encuentran cobijo especies como los patos, avocetas, cigüeñuelas, chorlitejos y avefrías. En El Bonillo se distinguen hasta nueve formaciones naturales de estas características, donde predomina el silencio y ayuda, como dice la canción, “al dulce despertar de todos los sentidos muertos”.

Nido de una rica reserva de aves esteparias

Otro de los valores naturales destacables es la Zona de Especial Protección para AVES (ZEPA) esteparias, declarada como Espacio Natural Protegido y que tiene una superficie superior a las 17.000 hectáreas. Amplios pastizales mediterráneos y campos de cultivo constituyen el hábitat ideal para aves como la alondra ricotí, el sisón, el alcaraván o la perdiz, siendo la reina indiscutible de estos campos la avutarda. El Bonillo cuenta con una de las mayores reservas de esta especie, cifrándose en torno a los 600 ejemplares.

La riqueza ornitológica de la zona es tan elevada que, gracias a una subvención de la Consejería de Agricultura y , se puso en marcha un mirador de aves esteparias. Un recurso que atrae turistas a la zona y sobre todo, a alumnos de los distintos centros escolares de la provincia. Basta con subir a la parte superior de este mirador, tener paciencia y disponer de unos prismáticos para poder deleitar la vista con el majestuoso vuelo de las avutardas.

Como es habitual en la comarca del Campo de Montiel, a la que pertenece El Bonillo, otro de los paisajes predominantes son los campos de encinas, en los que la riqueza cinegética es muy elevada. Jabalíes, perdices y conejos han dado fama internacional a estas tierras entre los amantes a la caza menor. También habitan en estos campos aves como el mochuelo o el arrendajo.

Encontramos, también, frondosos bosques de pinares, fruto de una reforestación que se llevó a cabo en la zona entre los años 60 y 70 con pino negro y pino carrasco, en los que hoy se cobijan ardillas y gavilanes. Los aficionados a la micología encuentran en estos campos un terreno ideal para la búsqueda de hongos y setas de todo tipo, algunas de las cuales hasta ahora eran desconocidas.

El golf, un deporte al alcance de todos

El secreto de El Bonillo es la delicadeza con la que han conjugado tradición y modernidad, desarrollo y sostenibilidad. En este municipio el avance económico no ha estado reñido con el respeto a los valores naturales y prueba de ello es el campo de golf La Lagunilla, que es el único que existe de titularidad pública en Castilla-La Mancha. En un principio, este campo de golf estaba asentado sobre terreno rústico, pero con el paso del tiempo se ha conseguido trazar un recorrido de nueve hoyos convencionales homologados. Su construcción se realizó aprovechando las vaguadas del terreno y se reforestó la zona con seis hectáreas de sabinas y dos hectáreas más de especies autóctonas.

Se encuentra ubicado en el corazón del Campo de Montiel, junto a la carretera que nos conduce a las Lagunas de Ruidera y lejos de constituir una amenaza para el medio ambiente está totalmente integrado en el entorno natural que le rodea.

En declaraciones a La Cerca, el concejal de Hacienda, Desarrollo y Turismo en el Ayuntamiento de El Bonillo y gerente de Las Lagunillas, , asegura que su compromiso ambiental y social es absoluto. En este sentido, destacar que la variedad de hierba plantada es una bermuda, que duerme en los inviernos y rebrota en primavera, lo que reduce sustancialmente la cantidad de riego que precisa y, además, se emplean aguas residuales recicladas procedentes de la depuradora.

Otra de sus características es que al ser un campo de golf público se rompe con el mito de que es un deporte elitista y es que para un municipio de poco más de 3.000 habitantes, contar con 300 socios da buena muestra de ello. Tal y como nos explica el gerente de estas instalaciones, la cuota anual es de 500 euros, “cantidad que está al alcance de todos”. Eso sí, hay que disponer de tiempo libre, pues recorrer los seis kilómetros que supone hacer los nueve hoyos exige entre cuatro y cinco horas de dedicación.

Ahora, el próximo reto al que se enfrenta este campo de golf es ampliarlo hasta los 18 hoyos convencionales.

Las Lagunillas forma parte de un complejo de ocio más amplio que también lleva su nombre y en el que se ponen al alcance de los visitantes casas rurales con servicio de restaurante, piscina y minigolf a escasos kilómetros del casco urbano.

Gastronomía, un deleite para los sentidos

Si después de practicar deporte a uno se le ha abierto el apetito, la riqueza gastronómica de El Bonillo no le dejará indiferente. Abundan las piezas de caza menor, como la liebre, el conejo o la perdiz y destacan platos como los gazpachos manchegos, los escabeches, arroz con liebre, judías con perdiz, gachas con setas, migas ruleras, caldereta de cordero o estofado de rabo de toro entre otros manjares. Unas delicatessen que se enriquecen con los dulces típicos de Semana Santa, como las torrijas, las flores, el arroz con miel o los panecillos en dulce.

Postres que esta Semana Santa degustarán los bonilleros con más placer si cabe, ya que endulzarán la recién estrenada declaración de Interés Turístico Regional. Fue el pasado 28 de marzo cuando el Diario Oficial de Castilla-La Mancha publicó la resolución por la que se declara Fiesta de Interés Turístico Regional a la Semana Santa de esta localidad, convirtiéndose en la fiesta número 57 con esta declaración en Castilla-La Mancha. La antigüedad, la riqueza de los pasos y los hábitos de algunas de sus cofradías y hermandades, junto con la importancia de su música le han hecho merecedor de este título.

Los bonilleros también festejan el homenaje a su patrón, como ya se ha mencionado anteriormente, en dos ocasiones; el día 4 de marzo y el 14 de septiembre, fechas en los que la tradición mandaba encender unas hogueras a las puertas de las casas. Sin embargo, los días grandes de El Bonillo se celebran del 10 al 15 de agosto, donde sus ciudadanos pueden disfrutar de distintos espectáculos musicales, feria taurina, actividades infantiles y verbenas.

Coincidiendo con la celebración de San Juan, el día 23 de junio, tiene lugar en este municipio albaceteño la Feria de Tradiciones, una cita en la que se invita a los visitantes a rememorar tiempos pasados de la mano de oficios, costumbres y tradiciones de antaño. Se celebra desde el año 2005 y en ella tienen cabida esparteros, herreros, orfebrería, encaje de bolillos y paseos en burro para los más pequeños, entre otras actividades. De esta manera, se pretende que los jóvenes sepan cómo era la vida en un pasado no tan lejano.

Otra cita relevante en el calendario de los bonilleros es el 1 de mayo, día en el que se celebra la romería de Sotuélamos. ¿Qué más excusas necesitan para acercarse hasta El Bonillo? Simplemente, vayan y disfruten.