Al nordeste de la provincia de , a unos 43 kilómetros de la capital, encontramos Fuentealbilla. Históricamente, este pequeño pueblo ha sido reconocido por sus gentes (y por guardar hermosos lugares para visitar que datan, por ejemplo, de la época romana) pero, la propia historia, ha querido también que un hombre concreto fuese el que lo ayudase a situarse, definitivamente, en el mapa… de cara al mundo entero. es Fuentealbilla y, Fuentealbilla, Andrés Iniesta. Esa estrecha relación ha convertido al municipio muchas veces (y para bien) en el epicentro de nuestro fútbol y en el orgullo de España pero, desde hace apenas tres años, nos ha recordado que también Fuentealbilla forma parte de La Manchuela y que participa de una de las grandes bazas de esta zona: sus vinos.

Bodega Iniesta nace en 2010, si bien el proyecto actual que dio origen a la misma comenzó hace unos diez años (aunque la familia ha estado ligada tradicionalmente a la agricultura porque, ya los abuelos de Andrés Iniesta, tenían sus propias viñas). Agustín Lázaro, Gerente de Bodega Iniesta, nos invita a conocer al detalle las instalaciones y el proceso de elaboración de los vinos que de ellas salen.

Recepción de la vendimia

El recorrido comienza junto a la tolva de recepción de las uvas que, como el propio Lázaro explica, “es novedosa, vibrante; no lleva sinfines (lo que hace es que va vibrando y, por su propio peso, la uva va cayendo a una cinta; después lo hace a la despalilladora y, posteriormente, entra en el Sistema Boreal (que sólo está en cuatro o cinco bodegas en toda España y nos permite hacer un enfriamiento de la pasta conforme va entrando la uva, en continuo, y con una eficacia muy importante porque nos puede bajar hasta 15 o 20 grados la temperatura que traiga del campo)”, comenta.

Bodega Iniesta es por tanto (y como bien apunta su Gerente) una de las poquísimas que, en toda España, disponen de este denominado Sistema Boreal que refrigera en continuo la vendimia mediante Dióxido de Carbono líquido. Se trata de un tanque por el que pasan las uvas en un proceso en cadena que enfría y regula su temperatura (siendo el paso anterior a la fermentación, en al caso de los vinos tintos o, a la prensa, en el caso de los blancos). Puede albergar entre 40 y 50 toneladas por hora de vendimia, con un descenso de la temperatura que puede rondar los 15 grados.

Bodega Iniesta usa este tipo de refrigeración en las etapas previas a la fermentación, haciendo que sus vinos mejoren en cuestiones tan importantes como el color, el aroma, la textura o el sabor ya que, este Sistema Boreal, hace posible que la fermentación de todas las uvas se produzca a la vez. En el proceso es vital, además, la vendimia. La cercanía de las viñas a la bodega acorta el tiempo que las uvas pasan hasta entrar a este sistema que las mantiene con todas sus propiedades (y a 8 grados) casi al instante. Sobre ello, Agustín Lázaro nos cuenta que, en Bodega Iniesta, suelen vendimiar por las noches “para evitar que la uva venga fermentando y oxidándose, y nos ayuda mucho el sistema Boreal porque, con el choque térmico que les damos, controlamos que las fermentaciones empiecen cuando el enólogo quiera y, así, tenerlas siempre controladas”.

Y es que, como bien recuerda el Gerente de Bodega Iniesta, “la uva es una fruta más y le sucede lo mismo que le ocurre a una pera cuando la partes: comienza a oxidarse. En el momento en el que tú recolectas la uva, cuanto antes llegue a la bodega y le puedas dar sus tratamientos para que no se oxide ni se fermente, mucho mejor (porque así tú puedes extraer los aromas, y todas las cualidades que el enólogo quiera en cada vino)”, de ahí que cobre importancia el hecho de que, como él mismo explica, “aquí tenemos la enorme ventaja de que toda nuestra finca está a dos kilómetros de la Bodega y, realmente, con nuestros propios trabajadores, se tarda pocos minutos en traer la uva hasta aquí”, apunta.

Las variedades de Bodega Iniesta

En las inmediaciones de la finca (que se divisa desde la propia Bodega) se extienden esas casi 130 hectáreas plagadas de las viñas que hacen posibles los vinos que elaboran. En pequeñas parcelas, se distribuyen cada una de las variedades que emplean: En blancas, por ejemplo, disponen de Macabeo (la autóctona de la Denominación de Origen Manchuela, de la que forman parte en sus dos marcas de comercialización). Pero además, encontramos otras variedades nacionales (como, por ejemplo, Verdejo y Moscatel); e internacionales (como Chardonnay y Sauvignon Blanc).

En tintas hallamos, por ejemplo, Syrah, Tempranillo, Graciano, Petit Verdot y, cómo no, la autóctona de la D.O. Manchuela: Bobal. A todas ellas, tras esa primera recepción en la Bodega (y el paso por el Sistema Boreal), las espera… una nueva estación: la bodega de fermentación (de la que también Lázaro nos da todos los detalles): “Los depósitos de fermentación de uvas tintas -explica- están provistos de camisas para llegar a la temperatura necesaria para hacer las fermentaciones o para, incluso, almacenar vinos… Todas tienen bombas de remontado programables, a la última tecnología”, señala.

En el otro extremo de la nave, se encuentran los depósitos de almacenamiento “provistos -comenta Lázaro- de un sistema de inertización por medio de CO2 y Nitrógeno para que, cualquier cantidad de vino que se les saque, se valla rellenando automáticamente de gas y, así, nunca se estropee ningún vino” explica, añadiendo que “también tenemos siete isotermos que nos sirven para hacer las esterilizaciones por frio (evitando tratamientos químicos innecesarios en los vinos). Al agua que lleva se le añade un producto llamado Glicol, que nos permite bajar a -10º grados sin que se congele (lo que nos ofrece muchas ventajas)”. Junto a ellos, encontramos el filtro tangencial que se usa antes de embotellar, pasando los vinos por el filtrado para prepararlos, tal y como relata el Gerente de Bodega Iniesta.

Precisamente de uno de esos depósitos, hemos tenido el privilegio de catar, prácticamente en primicia, junto al enólogo y el propio Agustín Lázaro, recién finalizado (y a expensas sólo del embotellado), el vino “” de la cosecha de este 2013. Elaborado exclusivamente con la variedad Moscatel, este vino (que en nariz es muy atractivo y aromático) arroja un marcado carácter frutal con un fondo floral de hinojo. En boca es fresco y gratamente sorprendente, con un dulzor equilibrado y duradero (perfecto para aperitivos e incluso postres).

Pendientes de cada detalle, en Bodega Iniesta apostaron, desde el primer momento, por unas instalaciones (y unos recursos) modernos que, sin dejar de lado cuestiones más tradicionales, miran directamente esas novedades que pueden contribuir a unos mejores productos (y que tienen que ver con cuestiones relacionadas desde los depósitos a la propia limpieza del entorno de trabajo).

En este sentido, Agustín Lázaro nos detalla, por ejemplo, que “la capacidad de nuestros depósitos es muy pequeña (de entre 5.000 a 20.000 litros), porque queremos que estén adaptados a las características de nuestra finca, que abarca algo más de 120 hectáreas pero en parcelas pequeñas (de 6 o 7 hectáreas); lo que hacemos es que, cada parcela, se elabora independientemente en cada depósito y podemos sacar unas grandes calidades (además de tener siempre controlada la trazabilidad de todas nuestras uvas). Otro factor que también nos va muy bien es el sistema de tuberías de llenado de los depósitos: son desmontables y, todos los días, se limpian (evitando que haya refermentaciones o puntos que no se puedan limpiar y puedan luego ocasionar problemas)”, detalla.

Battonage para “Valeria”

Agustín Lázaro nos acompaña junto a una serie de barricas que encontramos en la zona de depósitos. Lo hace para explicarnos una técnica (el Battonage) con la que elaboran uno de sus caldos más especiales: “Valeria” es un vino blanco de la marca “Finca El Carril”, fermentado en barrica de roble francés y elaborado con la variedad Chardonnay. A través de la técnica denominada “battonage”, se mantienen las lías del propio vino en suspensión mediante batoneo a lo largo de parte de su crianza en barrica. De este modo, se aumenta el volumen glicérico y la untuosidad en boca; se mejora la estabilidad del vino; y se le protege de una oxidación indeseable y una maderización prematura. Paso, por tanto, imprescindible para que “Valeria” sea (como es) uno de los caldos más exitosos de Bodega Iniesta.

La sala de barricas

Concluida la fase de fermentación de la uva, arranca el proceso de mejora del vino y, el siguiente paso nos conduce, directamente, a la quietud y el silencio de la sala de barricas, testigos del envejecimiento de los caldos de las diferentes variedades.

En ella, Agustín Lázaro nos da cuenta de la presencia de “en torno a 550 barricas de roble francés y americano, casi todas de 300 litros de capacidad”. Explica que se tomó esta decisión “porque el mercado actual no quiere que se madericen demasiado los vinos, de ahí que hayamos ido a unos volúmenes que no dejen demasiada madera y que respeten en todo momento lo que es la fruta del vino”, señala.

En la sala de barricas, durante todo el año la temperatura es constante (más o menos 17º), así como la humedad relativa que se mantiene en torno al 75%). Lázaro nos comenta, además, otra particularidad que, asegura, les va muy bien: “Todas las barricas están por variedades independientes (de Syrah, de Petit Verdot, de Tempranillo…), todas las variedades que tengamos y cuyos vinos tintos nos hayan gustado en ese momento, están aquí durante todo el año hasta que se haga el coupagge definitivo en el vino que se pretenda elaborar”, explica.

Los vinos

De este modo, paso a paso, se hacen realidad los distintos vinos que Bodega Iniesta tiene ya en los mercados con las dos marcas de las que dispone: Finca El Carri y Corazón Loco (ésta última, más moderna, juvenil y atrevida). Dentro de la marca Finca El Carri”, encontramos el Blanco (elaborado con Macabeo y Chardonnay); el ya mencionado Valeria; el Tinto (elaborado con Tempranillo, Petit Verdot y Syrah); Hechicero (otro tinto seleccionado en las mejores parcelas con Syrah, Petit Verdot, Tempranillo y Cabernet Sauvignon); Minuto 116 Blanco, (de Macabeo y Moscatel) y Minuto 116 Tinto (un vino joven de Tempranillo, Syrah y Graciano).

No menos diversa es la oferta que nos brinda la marca Corazón Loco, donde encontramos el Blanco (elaborado con Sauvignon Blanc y Verdejo); el Rosado (100% Bobal); el Tinto (conformado, a partes iguales, por Tempranillo y Syrah); Dulce Corazón (el semi-dulce del que antes les dábamos más detalles); el vino Tinto Selección, (elaborado con Syrah, Petit Verdot, Tempranillo y Cabernet Sauvignon); el vino Tinto Premium (conformado con Syrah, Petit Verdot y Cabernet Sauvignon) y , (un vino tinto ecológico elaborado con Tempranillo y Syrah).

Vinos que, aquí, en estas mismas instalaciones, siguen su proceso de embotellado y etiquetado, (siempre teniendo en cuenta las normas y requisitos de los más de 20 países a los que ya exporta Bodega Iniesta que tiene, en el mercado internacional, el destino de más del 75% de su producción hoy día).

Novedades

Su éxito (cada vez más consolidado) con el vino, les lleva a seguir ofreciendo novedades a los consumidores. En el ámbito del vino, por ejemplo, Agustín Lázaro explica que trabajan en un próximo vino rosado semi-dulce. En cuestiones ajenas al propio vino, las novedades ya han llegado con la elaboración de su primer aceite 100% Arbequina.

En Bodega Iniesta tenían la ilusión de poder sacar su propio aceite y, “tras hacer unas plantaciones de olivo -explica su Gerente- el año pasado ya pudimos tener nuestra primera cosecha y sacar nuestro aceite 100% Arbequina bajo el nombre Corazón Loco Óleo Bodega Iniesta”. El producto ha tenido muy buena aceptación y, como afirma Agustín Lázaro, “este año hemos hecho unas 8.000 botellas y prácticamente está ya terminado: vamos creando cada año una cosa nueva para no quedarnos atrás en el mercado y poder llegar a todos nuestros consumidores y seguidores que, en definitiva, son nuestra razón de ser”, comenta.

Enoturmismo y venta

Bodega Iniesta crece (y lo está haciendo pensando también en sus clientes y visitantes). Cualquiera puede hacer el recorrido que hoy, aquí, ustedes están leyendo o visualizando. Recientemente, ha abierto sus puertas un restaurante al que se puede acudir (previa reserva) culminando una interesante visita por estas instalaciones y por la tienda, (el punto que nos lleva a la parte final del proceso). “La finalidad de hacer un buen vino -comenta Agustín Lázaro- es poder venderlo y, en este lugar, exponemos todo nuestro material en una tienda- exposición con nuestro merchandising y nuestros productos para que la gente que viene pueda comprarlos aquí directamente”, afirma.

El Gerente de Bodega Iniesta prosigue relatándonos que les está funcionando muy bien el enoturismo: “La gente viene, hace su visita a la bodega, visitamos la finca, incluso se quedan a comer en el restaurante (que tenemos, como otra reciente novedad, abierto al público). Todo el mundo puede venir, comer, cenar, almorzar… o hacer un pack que está dentro del enoturismo y que puede cerrarse”, explica.

Iniesta de nuestras vidas

Finalizamos este recorrido como lo comenzamos: con él, con Andrés Iniesta. Y es que, el hombre que da sentido a buena parte de esta historia, está presente por cada uno de los rincones de esta Bodega (y muy pendiente de ella, desde la distancia y los márgenes que le permiten sus obligaciones).

Caminar por Bodega Iniesta es hacerlo, también, entre un evidente ambiente de campeón humilde (que lo hace más campeón si cabe). En las estancias superiores, se amontonan los recuerdos, los trocitos de la historia de un Andrés Iniesta que promete seguir dando mucho a su tierra (como hasta ahora) y que pronto estarán también aquí visibles a los ojos del que quiera disfrutarlos en un museo en el que, cada uno de estos retazos de mago, cobrarán forma. Quedan todos invitados.

Si desean ahondar en el contenido de esta visita por Bodega Iniesta, les ofrecemos la posibilidad de hacerlo visionando el reportaje enlazado a este texto.