El Castillo de Calatrava la Vieja y su historia

El primero de los recorridos propuestos en la Ruta de los Castillos por la provincia de Ciudad Real, nos invita a conocer la singular belleza de los Campos de Calatrava. Tierras en las que se produjo el origen de la Orden de Calatrava, la primera plenamente hispana.

El Castillo de Calatrava la Vieja, es la primera parada de nuestro viaje. Se trata de una de las imponentes ruinas de una ciudad fortificada, en medio de una llanura, ubicada sobre una ligera elevación en las márgenes del río Guadiana, sin población en sus alrededores.

Calatrava la Vieja, fue equipada con complejos sistemas hidráulicos de abastecimiento y defensa, inspirados en modelos orientales. Así se construyeron las corachas, grandes brazos de muralla provistos de ruedas hidráulicas elevadoras, que se adentraban en el cruce del río para garantizar el abastecimiento de agua a la ciudad. Concretamente, en esta localidad se han identificado hasta cuatro corachas, algo que resulta realmente excepcional.

Ubicada a cinco kilómetros al norte del municipio de Carrión de Calatrava, fue una fortaleza de gran valor estratégico, teniendo en cuenta que está situada en un importante cruce de caminos. De hecho, por ella pasaba la vía principal entre Toledo y Córdoba, así como la que unía Mérida con Zaragoza. En la actualidad, Calatrava la Vieja forma parte de la Red de Parques Arqueológicos de Castilla-La Mancha.

Tras la abolición del Califato cordobés en 1031, los reinos taifas de Sevilla, Córdoba y Toledo se disputaron su posesión. Finalmente, fue concedida por Sancho III a la en 1158, dando lugar al nacimiento de la primera orden militar hispana, la cual adoptó el nombre propio del lugar, es decir, la Orden de Calatrava, al mando de Raimundo de Fitero.

la retomó definitivamente para cristiandad pocos días antes de la Batalla de las Navas de Tolosa en 1922. A partir de entonces, Calatrava inició su decadencia, lejos de la nueva frontera, al dejar de ser la sede más idónea para la Orden, la cual se trasladó en 1217 a la que se denominaría como Calatrava la Nueva.

Castillo de Alarcos

El cerro de Alarcos constituye actualmente uno de los conjuntos arqueológicos más espectaculares de Castilla-La Mancha, tanto por su extensión como por la importancia de sus restos ibéricos y medievales. El castillo se encuentra en lo más alto del cerro, construido sobre una plataforma artificial. Su planta es rectangular y cuenta con nueve torres, de las cuales siete son cuadradas y dos pentagonales en proa. Esta fortaleza, fue ocupada por íberos, romanos, visigodos y árabes. En 1195, fue escenario de la gran Batalla de Alarcos contra los almohades, en la que Alfonso VIII tuvo que huir herido en una pierna. Concretamente, tuvo lugar en la llanura que hoy se extiende entre Alarcos y Poblete.

Tras la contienda, Alarcos y su entorno quedaron en poder almohade, retrasando de este modo la Reconquista varios decenios.

Los trabajos arqueológicos realizados, han permitido recuperar una parte importante de los restos de la Batalla de Alarcos, los cuales constituyen un conjunto único en Europa.

Origen de una Real Ciudad

El enorme señorío y poderío de la , indujo al rey a fundar en 1255 una población de realengo (que no era de señorío ni de las órdenes) en medio de los territorios de dicha Orden, la cual bautizó con el nombre de Villa Real, actual Ciudad Real.

Concretamente, Alfonso X ordenó la construcción de una muralla, con 130 torres y ocho puertas, más un alcázar. Dentro de ella, se ubicaron varias iglesias, siendo la de Santiago la más antigua.

Como testigo de sus murallas, queda todavía en pie la Puerta de Toledo de 1329, declarada Monumento Nacional, con varios arcos góticos y de herradura apuntados entre dos torres.

Entre los monumentos religiosos de Ciudad Real, cabe destacar la Catedral de , la cual está considerada, después de la de Gerona, la iglesia de nave única más grande de España.

En cuanto a arquitectura civil se refiere, el edificio más apreciado que encontramos es el Palacio de la Diputación Provincial de Ciudad Real.

En la Plaza Mayor, se alza el Ayuntamiento, de inspiración neogótica, cuya estética recuerda a la de los ayuntamientos típicos de los Países Bajos.

Una localidad, en la que además podemos visitar diferentes museos como el del Quijote, el Diocesano, el Museo , el Provincial y la Casa-Museo Elisa Cendero.

Los , Carlos I y vivieron entre los muros del Castillo de Calatrava la Nueva

A escasos kilómetros al sur de Almagro, en el término municipal de Aldea del Rey, se alzan las inmensas y evocadoras ruinas del Sacro Convento de Calatrava la Nueva, fiel ejemplo de la magnificencia constructiva de la Castilla medieval.

Su historia parte de Calatrava la Vieja, conquistada en 1212 y abandonada por insalubre ante la existencia de aguas y lagunas de lento cauce. Este Sacro Convento calatravo, se empieza a construir más al sur, junto a un paso natural hacia Andalucía, sobre el Castillo de Dueñas, próximo al de Salvatierra.

Muy pronto pasaron a residir en ella los maestres y un gran número de caballeros, quienes gobernaban sus posesiones, cada vez más numerosas, desde esta atalaya manchega.

En este lugar, continuaron celebrándose los Capítulos Generales de la Orden de Calatrava, y sirvió de morada durante algunas temporadas a los Reyes Católicos, Carlos I y Felipe II.

A partir del reinado de Alfonso XI, la Orden de Calatrava trasladó su sede central a la importante vecina ciudad de Almagro, donde levantaron un palacio del que hoy en día no quedan restos. Allí tuvieron su capitalidad real, mientras que el Sacro Convento continuó siendo su sede oficial, unificadora y depositaria de las más antiguas tradiciones.

Los caballeros calatravos cuidaron y mantuvieron con cariño esta fortaleza, siendo durante siglos uno de los lugares de España donde se podían admirar las reliquias de un pasado medieval glorioso con más densidad, destacando la presencia de salones, un templo, aposentos y varios recintos de la edificación, en donde se albergaban innumerables joyas del arte medieval, pergaminos, sepulcros de maestres, muebles y obras de arte.

El Castillo de la reina de Castilla,

El Castillo de Bolaños de Calatrava, conocido popularmente con el nombre de Doña Berenguela, fue construido entre los siglos XII y XIII.

Su historia está estrechamente ligada a la de la Orden de Calatrava, de la que fue su sede. Doña Berenguela, madre de el Santo, donó el castillo a dicha Orden, y Alfonso X el Sabio lo corroboró posteriormente.

La función del castillo consistía en defender la villa de los continuos ataques de los musulmanes. Permaneció en manos de la Orden hasta el año 1544, fecha en la que fue abandonado.

Se trata de una fortificación de planta rectangular, rodeada por un foso y una muralla, que en la actualidad ha desaparecido. Sus muros están rematados por almenas, y cuenta con dos torres.

La torre del Homenaje, es uno de los aspectos más significativos del edificio. Está situada en uno de los ángulos del recinto y se compone de cinco pisos. La planta inferior es la mazmorra, mientras que la terraza está rematada en almenas piramidales.

La torre Prieta, es una inmensa mole de piedra de forma rectangular, desmochada, sin almenado, compuesta por tres pisos, en la que apenas pueden apreciarse vanos o elementos decorativos.

Gracias al proyecto de restauración llevado a cabo por la Diputación de Ciudad Real, el castillo ha recuperado su silueta y esplendor primitivos, utilizándose actualmente para la realización de actividades culturales y de ocio.

Castillo de Peñarroya

La segunda ruta que nos propone la Ruta de los Castillos por la provincia de Ciudad Real, discurre por las tierras de las Órdenes Militares: la , de Santiago y de Calatrava.

A partir del siglo XII, la caballería deja de ser únicamente una disciplina militar asociada a la nobleza, para convertirse en un modo de vida y un código de conducta muy conocido por Don Quijote, gran aficionado a la lectura de libros de caballerías que, en su maravillosa locura, deseaba alcanzar estos nobles ideales. La primera parada de nuestro viaje es Argamasilla de Alba, considerada por la mayoría de los autores como la cuna del Quijote. Aquí encontramos el Castillo de Peñarroya, ubicado en un paraje rodeado de encinas, sobre un alto roquedal.

De origen musulmán, proyecta las almenas de sus muros en las aguas del embalse de Peñarroya.

Este castillo fue conquistado por el caballero Pérez de Sanabria en el año 1198, pasando desde ese momento a manos cristianas, primero a la y en el siglo XIII a la de San Juan.

En la actualidad, se encuentra en buen estado de conservación. Presenta una torre del Homenaje y cuatro torreones almenados, desde donde pueden apreciarse impresionantes vistas.

En su interior, se encuentra el Santuario de la Virgen de Peñarroya, patrona de las localidades de Argamasilla de Alba y La Solana. Una edificación que data del siglo XVIII y en la que destacan las pinturas del camarín de la Virgen, copias de Murillo y Rafael, así como un retablo barroco.

El Castillo de Peñarroya forma parte del Parque Natural de las Lagunas de Ruidera. Uno de los espacios naturales más bellos de Castilla-La Mancha, compuesto por 15 lagunas que discurren a lo largo de 25 kilómetros, entrelazadas con otras mediante cascadas, riachuelos y canales subterráneos, conocidos mundialmente gracias al Quijote.

Castillo de Pilas Bonas

El Castillo de Pilas Bonas ha permanecido oculto en el casco urbano de Manzanares durante más de un siglo. Declarado Monumento de Interés Histórico-Artístico, se encuentra en la Plaza de San Blas de dicha localidad.

Se trata de una fortaleza recuperada para el disfrute del viajero, enclavada en un punto estratégico, ideal para descubrir la Ruta del Quijote.

Diversos historiadores coinciden en que debió construirse en torno al año 1239, después del deslinde de los territorios de las Órdenes de Santiago y Calatrava.

En este castillo se establecieron los caballeros de la Orden de Calatrava, convirtiéndose en la sede de la Encomienda de Manzanares.

Entre 1808 y 1812, fue utilizado como cuartel general de las tropas francesas durante la Guerra de la Independencia, mientras que en el año 1836, el castillo se convirtió en un fortín acuartelado para el ejército cristiano que luchaba en la Guerra Carlista.

Después de las amortizaciones del siglo XIX, se aprovecharon sus robustas murallas y muchas de sus dependencias para usos domésticos.

Gracias a la iniciativa de una empresa hotelera, se ha conseguido recuperar una parte significativa del Castillo, devolviendo de este modo a Manzanares su edificio más antiguo y emblemático. En la actualidad, es una preciosa hospedería donde el viajero puede dormir y soñar en pleno corazón de La Mancha.

Historia del Castillo de Montizón

El Castillo de Montizón se encuentra junto al río Guadalén, a unos nueve kilómetros de distancia de la localidad de Villamanrique.

Para construirlo aprovecharon el corte vertical que presenta la masa rocosa del cerro en el que está emplazado sobre las aguas mismas del río, las cuales le sirven de foso natural en su lado Este, justo debajo de la torre del Homenaje.

El Castillo de Montizón controlaba uno de los caminos que desde Montiel llevaban hasta Jaén. Por aquí, transcurría la Vía Hercúlea o Augusta, que desde Cádiz conducía hasta la Tarraconense y Roma.

Su construcción se llevó a cabo entre los años 1240 y 1275, durante el mandato del portugués Don Pelayo Pérez, Maestre de la Orden de Santiago. Durante los siglos XIV y XV, fue testigo de las luchas civiles entre las familias del Condestable Miguel Lucas de Iranzo, partidarios de , y los Manrique, defensores del infante Alfonso, quienes lograron tomar la fortaleza en 1467. Pocos años después, el capitán y reconocido poeta fue nombrado Trece de la Orden de Santiago y Comendador de Montizón, iniciando de inmediato las obras de reforma y consolidación de la fortaleza.

Aquí vivió con su esposa Doña Guiomar y escribió algunas de sus obras, como “Castillo de amor”, una clara referencia al Castillo de Montizón y al río Guadalén.

En el siglo XVII, dejó de tener funcionalidad y entró en un claro proceso de decadencia y deterioro. En 1855, con las leyes desamortizadoras, el castillo y sus tierras fueron vendidos en subasta pública al Marqués de Villamedina. Tras pasar por diferentes propietarios, en la actualidad pertenece a la conocida familia del ganadero albaceteño de reses bravas .

La grandiosa torre del Homenaje se alza sobre roca viva y constituye, por sí sola, un verdadero castillo

Esta fortaleza soberbia de época medieval, fue cabecera de la Encomienda de Montizón, perteneciente a la Orden de Santiago. A lo largo de su historia, ha sido testigo de sucesivas modificaciones, por lo que resulta casi imposible conocer su estado primitivo en el momento de su levantamiento. A pesar los pocos cuidados que recibe, es la fortaleza medieval mejor conservada del .

Cuenta con cuatro recintos sucesivos: el cercado de las albacaras (recinto murado en la parte exterior de la fortaleza, con entrada en la plaza y salida al campo, donde se solía guardar el ganado); un segundo cerramiento, anterior a la puerta de acceso al castillo; un tercer recinto de murallas propio de la fortaleza; así como un cuarto, correspondiente a la torre del Homenaje, la cual constituye por sí sola un verdadero castillo, al contar con planta baja y otras dos alturas y alzarse sobre una superficie de más de 500 metros cuadrados. En los tres niveles de altura que presenta el patio se encontraban la iglesia, el aljibe y la despensa, actualmente muy estropeadas, así como caballerías y dependencias de vivienda que han desaparecido.

Las construcciones internas del castillo, han sido modificadas y adaptadas para funciones agrícolas y ganaderas. De hecho, desde la entrada principal (Puerta de Hierro) hasta la torre del Homenaje, encontramos, adosados a la muralla un edificio convertido hoy en casa de labor y almacenes para granos y aperos de labranza, y a continuación otro dedicado a corrales.