La Batalla de Almansa en la historia de España

El 25 de abril de 1707, esta localidad albaceteña fue testigo de la denominada Batalla de Almansa. Un acontecimiento de vital importancia en el conflicto internacional de la Guerra de Sucesión Española que enfrentó a dos aspirantes extranjeros, Felipe de Anjoy y el archiduque Carlos de Austria, a la Corona Española y, en consecuencia, a la hegemonía en América y Europa.

A las tres de la tarde de un frío Lunes de Pascua, comenzaron a disparar las baterías del ejército franco-español o de las Dos Coronas, a lo que respondieron inmediatamente los cañones austracistas, abriendo fuego los ejércitos de los candidatos Borbónico y Austriaco al trono Español muy cerca de las tapias de las huertas que delimitan el casco urbano de Almansa. El ejército aliado estaba bajo el mando del Marqués de las Minas y de lord Galloway y se componía de 16.000 hombres: 100 hugonotes franceses, 4.800 ingleses, unos pocos españoles, 1400 holandeses, 250 alemanes y 7.670 caballeros portugueses.

En el frente contrario, las tropas borbónicas (caballería francesa, española e infantería irlandesa) contaban con 12.000 hombres bajo el mando del duque de Berwick, quien esperaría los refuerzos del Duque de Orleans sin que llegaran a tiempo.

El resultado de esta batalla cambió el curso de la guerra, hasta el momento favorable al archiduque Carlos de Austria, quien ya firmaba sus documentos como Carlos III de España, llevando a Felipe de Anjoy, después Felipe V, hacia su triunfo final en 1714, gracias a la victoria del ejército borbónico en Almansa, consiguiendo derrotar a las tropas austracistas a pesar de su superioridad numérica.

Una vez finalizada la contienda, las pérdidas en las tropas borbónicas se cifraron en 3.000, entre muertos y heridos, mientras que en las austracistas ascendieron a 6.000.

Según la costumbre de la época, tras organizar a los prisioneros y localizar a los de mayor grado, el duque de Berwick les ofreció una cena en la casa donde se alojaba, la de don Luis Enríquez de Navarra. Al terminar, los altos mandos confederados supervivientes firmaron allí mismo las actas de rendición.

Una de las principales consecuencias de la Batalla de Almansa, fue la promulgación del Decreto de Nueva Planta, que arrebató al Reino de Valencia los fueros y privilegios de los que disponía, aplicándole en el futuro las leyes de Castilla.

Los 3.600 habitantes que componían la villa de Almansa en esos momentos sufrieron directamente las más terribles consecuencias de la contienda; labores saqueadas, ganado robado, casas y molinos asaltados, y sobre todo los gastos que suponía mantener a las tropas a las que debían suministrar víveres, alojamiento y dotar de hospitales. De este modo, el recuerdo de la Batalla de Almansa para las familias de la época se resume en un triste día de muertes seguido de años de hambruna y endeudamiento.

Como recompensa, el 12 de Agosto de 1707 se le concedió a Almansa una feria libre de impuestos de quince días, que comenzaría el día 25 de abril. Además, Felipe V otorgó a la población el título de Muy Noble, Muy Leal y Fidelísima, y, en 1778, por merced de Carlos III, la villa pasó a titularse como Ciudad.

Cuadro de la Batalla

En 1709, por encargo de Felipe V, Buonaventura Liglio y Phillipo Pallota realizaron un cuadro de la Batalla de Almansa de naturaleza documental, en un intento por explicar al Rey, que no estuvo presente en la decisiva batalla, los parajes, las unidades y el desarrollo de la misma a lo largo de las 3 horas que duró. Propiedad del Museo del Prado, en la actualidad está depositado en el Palacio de Benicarló, sede de las Cortes Valencianas.

Un cuadro que el Ayuntamiento de Almansa intentó conseguir sin éxito en reiteradas ocasiones, encargando finalmente una copia del mismo al artista local Paulino Ruano, el cual preside el Salón de Plenos del consistorio de esta localidad.

En el año 1999, el escultor almanseño de fama nacional, José Luis Sánchez, académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, realizó la “Paz Aupada”, monumento de acero que representa dos brazos unidos que cobijan en sus manos una paloma, simbolizando el hermanamiento de Valencia con todos los pueblos involucrados en la tan emblemática Batalla de Almansa.

El Castillo de Almansa fue declarado Monumento Histórico Artístico Nacional por Real Orden en 1921

Los orígenes del Castillo de Almansa se remontan al periodo almohade. En el siglo XIV pasó a manos del infante don Juan Manuel que lo mandó reconstruir sobre las fortificaciones musulmanas, diferenciándose claramente la mampostería cristiana del tapial árabe.

También Juan Pacheco realizó muchas de las reformas que han llegado hasta nuestros días, entre las que destacan la construcción de la torre del homenaje y las barbacanas de acceso.

A partir del siglo XVI entró en un largo proceso de abandono y en 1919 se solicitó su demolición pero, gracias a los informes realizados por la Real Academia de la Historia y la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, se salvó y fue declarado Monumento Histórico Artístico Nacional por Real Orden de febrero de 1921.

El Castillo está formado por dos recintos escalonados. En la parte más elevada hay una muralla rematada en almenas y en la parte más baja, torreones. El recinto inferior posee dos puertas de acceso: la del lado oeste, por la que se entraba a pie y a caballo a través de su imponente barbacana, que es la que actualmente se utiliza, y la del lado este, por la que se accedía con carros y carruajes.

En la zona de mayor altura del recinto, se localiza la torre del homenaje, de planta cuadrada, con mampostería y sillería. De los dos pisos que tuvo se conserva el inferior. Su bóveda presenta una cubierta interior de crucería gótica con nervios de piedra y elementos de ladrillo. En la zona superior de la torre se encuentra una terraza almenada, a la que se accede por una escalera de caracol tallada en la roca con elementos de cantería, considerada toda una maravilla dentro del gótico de la zona.

En la actualidad, el de Almansa está considerado uno de los castillos mejor conservados de toda la provincia de Albacete.

Leyendas de la Batalla

Al acabar el combate, un molinero vecino de Almansa recogió del campo de batalla parte de las vestiduras de un soldado, hoy conservadas en una vitrina en la Sacristía del Santuario de la Virgen de Belén, sede original de la Patrona de Almansa, donde la imagen permanece desde el mes de mayo a septiembre.

Cuenta la leyenda que este molinero prometió ante la imagen de la Virgen de Belén que tanto él como sus sucesores la acompañarían en procesiones y romerías dándole vítores. Este hecho, convertido en tradición, ha llegado hasta nuestros días, acompañando el pueblo a la Patrona en las dos romerías que se celebran anualmente.

La primera de ellas se celebra el domingo siguiente al 6 de mayo. Un día en el que la imagen de la Virgen de Belén es trasladada desde Almansa hasta su Santuario. La segunda, en sentido inverso, se realiza el tercer domingo de septiembre. El recorrido, de unos 12 kilómetros, se hace a pie llevando a la Patrona a hombros, donde participan unas 20.000 personas.

El Vitorero, cuya figura se transmite de padres a hijos, acompaña a la Virgen de Belén, patrona de la ciudad, en sus romerías dando los tradicionales “Vitos”.

También cuenta la leyenda que, al día siguiente, recorriendo el campo de batalla, se halló un crucifijo de madera, de grandes dimensiones, que desde entonces se llamó el “Cristo de los Vencidos” y que permaneció como objeto de culto en la aldea del Pozo de la Higuera (Montealegre) hasta 1957, fecha en que se trasladó al Ayuntamiento de Almansa.

Cinco meses después de la batalla se ordenó construir un obelisco conmemorativo de la misma, que también fue incorporado al escudo de Almansa.

Ubicado en un principio en el campo de batalla, el 15 de Noviembre de 1708 se trasladó a un lugar más cercano a la villa y fuera de las zonas de inundación, a un paraje conocido como “Las Carrericas Blancas”. Tras la revolución antiborbónica de 1868, el obelisco fue destruido y reemplazado por otro que corrió la misma suerte durante la II República.

En la Casa del Jardinero, actual entrada al Castillo, se conserva un cuadro que representa los planos originales de este obelisco, con similares características del primitivo.

Patrimonio monumental

La localidad de Almansa destaca también por su rico patrimonio monumental. En la plaza de Santa María, donde se encuentra la Fuente de los Patos, podemos observar la Iglesia de La Asunción, declarada Monumento Histórico-Artístico en 1983, edificada en varias etapas constructivas a lo largo de los siglos XVI y XIX. En su fachada se pueden apreciar dos grupos escultóricos importantes. Por un lado, La Anunciación, en las enjutas de la puerta, y por otro, La Asunción, en la parte superior.

Junto a la Iglesia de la Asunción, se alza el Palacio de los Condes de Cirat, llamado también la Casa Grande, sede del Ayuntamiento desde 1996. De especial interés es su fachada, de 1575, con un acusado carácter manierista en todos sus detalles, así como el patio interior, enormemente armónico.

Adentrándonos por la calle Aragón, podemos admirar las fachadas de Casas Solariegas como la de los Enríquez de Navarra, donde se firmó la capitulación de la Batalla de Almansa, así como la de los Marqueses de Montortal, levantada en torno a un bello jardín y en cuyo exterior destacan sus rejerías de forja.

Esta última casa se abre a la Plaza de San Agustín, donde se encuentra la actual Casa de Cultura.

En esta misma plaza, se puede admirar además la fachada barroca de la Iglesia de San Agustín, fechada en 1704 y realizada por Juan Fauquet.

Adosado a ésta se encuentra el Convento de las Monjas Agustinas, fundado en 1609.

Junto al Jardín de la Glorieta se levanta el Convento de Los Franciscanos. Una construcción barroca de 1660 que consta de una iglesia con claustro exterior muy reformado.

En el Pasaje del Coronel Arteaga se sitúa la Lonja, antiguo Ayuntamiento de Almansa, construida en 1800. En ella encontramos una galería porticada y, separada del edificio, se puede apreciar la torre del reloj municipal. Una construcción neoclásica del año 1780 en la que aparece un escudo de la ciudad con elementos rococó.

El puente de Carlos IV, construido en 1791, se encuentra en la avenida de Madrid, mientras que en la avenida de Carlos III se levanta la ermita de San Blas, sede de la Oficina de Turismo.

Almansa cuenta además con tres teatros: el Teatro Principal, de finales del XIX; el Teatro Regio, inaugurado en 1930 y uno de los mejores de C-LM; y el Teatro Coliseum, de 1932 reconstruido como sala multicine.

Nudo de comunicaciones por excelencia

Al sudeste de la provincia de Albacete, se encuentra la ciudad de Almansa, un importante nudo de comunicaciones situado entre las provincias de Alicante, Valencia y Murcia.

Se trata de una altiplanicie situada a unos 700 metros de altitud sobre el nivel del mar, rodeada por montañas, formando un pasillo entre la Meseta y Levante denominado “Corredor de Almansa”: uno de los 17 pasos naturales que existen en la Península.

Esta especial situación geográfica ha originado la dotación de una infraestructura que configura a la ciudad como un estratégico enclave de comunicaciones desde el centro peninsular a la zona levantina, forjando la peculiar personalidad de la ciudad y diferenciándola en buena medida del resto de localidades que conforman Castilla-La Mancha.

Con cerca de 26.000 habitantes, Almansa es una ciudad abierta y dinámica que ha vivido en los últimos 20 años un fuerte cambio, fruto de un crecimiento continuo y sostenido, elevando el nivel y la calidad de vida de sus habitantes.

El Polígono Industrial y las excelentes comunicaciones, así como la alta cualificación de sus trabajadores, han convertido a la ciudad de Almansa en una zona interesante para la implantación de nuevas empresas. Aunque el calzado sigue siendo la columna vertebral de la economía almanseña, la industria alternativa se ve reflejada en las diversas fábricas de este polígono, desde las dedicadas a la producción de mantas, muebles, cerámica o guitarras, hasta la curiosa elaboración de barcos, sin olvidar que con la creación del Centro de Innovación y Desarrollo Empresarial (AIDECA), se está intentando dotar a todas las industrias de Investigación, Desarrollo e Innovación.

Las Fiestas de Moros y Cristianos rememoran la reconquista tras 800 años de ocupación árabe

La ciudad de Almansa celebra sus Fiestas Mayores del 1 al 6 de mayo en honor a su Patrona, Nuestra Señora de Belén. Consisten en la tradicional fiesta levantina de Moros y Cristianos que rememora la reconquista de las tierras de la Península Ibérica, tras 800 años de ocupación árabe.

La Fiesta de Moros y Cristianos de Almansa tiene un especial atractivo al celebrarse en torno a su Castillo, el escenario natural más idóneo para recrear las históricas batalllas entre ambos bandos. Organizada por la Agrupación de Comparsas de Moros y Cristianos, está formada por comparsas pertenecientes al bando moro y al bando cristiano. Cargados de música y color, se realizan desfiles que representan la entrada triunfal de los respectivos bandos: la Entrada Mora el 1 de mayo y la Entrada Cristiana el 3 del mismo mes.

Al día siguiente de cada desfile, con el nombre de Embajada Mora y Embajada Cristiana, se representan las batallas. El 2 de mayo, la conquista por parte de los árabes, y la posterior reconquista por parte de los cristianos, dos días después, ambas declaradas de Interés Turístico Regional.

Especialmente llamativa es la Embajada Mora, también denominada Embajada Nocturna, teniendo en cuenta que su escenificación se produce bajo la iluminación del castillo. Un espectáculo impresionante de luz y sonido, en el que la música y las las explosiones de pólvora cobran un protagonismo especial.