Y es que, después de que la haya instado a reducir el consumo de carne para frenar el cambio climático, ha lamentado “la tendencia a demonizar ciertos hábitos que son normales a cualquier castellano-manchego resulten, como poco, curiosos o poco acertados”.

En nota de prensa, UPA ha asegurado que “son muchos los ganaderos que recuerdan que la ganadería familiar está comprometida con la sostenibilidad y con el entorno en el que se circunscribe, de forma que decir lo contrario atenta contra el conocimiento de las personas que conocen bien el medio rural y de dónde proceden los alimentos”.

A pesar de admitir que, como actividad productiva, la ganadería consume y genera residuos, UPA ha recordado que el uso racional de los pastos por el ganado provoca una retención del carbono en el suelo y su salida de aquellos puede provocar el efecto contrario: las emisiones de lo acumulado.

Es por ello que ha reivindicado la labor fundamental de agricultores y ganaderos familiares de la región, insistiendo en cuestiones como la economía circular, uso de estiércol como base de fertilización de la tierra, generación materia orgánica del suelo y, por tanto, “una mayor disponibilidad de agua para el crecimiento de las plantas, una mejor infiltración de agua de lluvia y deshielo, reduciendo la escorrentía superficial y la erosión”.

“Se trata de una serie de cuestiones que no son solo culturales, de dieta habitual y normal de los castellano-manchegos, o de fijación de población en pequeños pueblos con empleos que, de otra manera, se perderían, sino que, además, son cuidadosas con el medioambiente”.