El ser humano es un ser social por naturaleza, así lo afirmaba Aristóteles hace más de dos mil trescientos años para constatar, entre otras cosas, que los humanos nos necesitamos unos a otros para sobrevivir. Desde el primer núcleo social, la familia, hasta otros más complejos, los seres humanos buscamos formar sociedades que satisfagan, al menos, nuestras necesidades básicas de protección tanto física como social, afectiva o intelectual, necesidades que forman parte de la condición humana y que por sí solos no podríamos satisfacer.

La salud, la educación, la seguridad, la libertad, el trabajo, el cuidado y respeto de nuestros mayores, del hábitat que nos rodea, la defensa del territorio en que vivimos, son necesidades que nos unen por ser innatas al ser humano y a la sociedad que ha creado, de la que forma parte. Por eso, una sociedad centrada en todo lo que nos une es una sociedad que avanza.

Pero la unión exige, principalmente, empatía y responsabilidad. Las personas, como parte de la sociedad, estamos obligadas a esforzamos por mantenernos unidos y mostrar esa responsabilidad empática que nos lleve a cubrir las necesidades prioritarias y así alcanzar ese bienestar, siempre mejorable, que nos acerca a la felicidad personal y social, y que responde al deseo humano de vivir en un estado de estabilidad, satisfacción y tranquilidad permanente.

Es cierto que muchos ciudadanos, por egoísmo y dejadez, carecen de esa empatía, responsabilidad y sentido de unión social que se requiere para seguir avanzando, lo triste es que sean, en este caso, los dirigentes políticos de la izquierda de nuestro país los que hayan demostrado repetidamente la carencia de estos valores. Y es que si hoy vivimos momentos de incertidumbre y desconfianza política no es porque los ciudadanos no hayan cumplido su cometido (hemos votado 4 veces en 4 años) sino porque los responsables políticos que han obtenido una mayoría, representados por el presidente en funciones , han olvidado el fin para el que han sido elegidos, anteponiendo lo que nos diferencia a lo que nos une, o lo que es lo mismo, priorizando sus intereses personales y partidistas de poder a nuestras necesidades básicas.

Creo que llegados al punto de hartazgo social en el que nos encontramos, toca hacer una reflexión abierta y profunda por parte de todos, políticos y no políticos, que nos haga avanzar y superar esta situación de bloqueo y desgobierno. Una reflexión que nos lleve, por parte de los políticos, a dar importancia a lo prioritario, a las necesidades, al bienestar, a lo que nos une, y a recuperar el diálogo, la integración y el acuerdo como fórmula de respeto a la decisión ciudadana en las urnas y a los 47 millones de españoles; y, por parte de los ciudadanos, a demostrar nuestra madurez como votantes reconsiderando un voto que debe ser útil y exigente, un voto dirigido hacia aquella opción política que haya demostrado capacidad de acuerdo y gobierno en otras comunidades.

El ha liderado la unión, la sensatez y el acuerdo en todas aquellas administraciones que ha tenido oportunidad; ha dejado de lado lo que nos diferencia y ha apostado por lo que nos une; ha antepuesto el sentido de estado a sus intereses particulares, y siempre con un solo fin, el de luchar por una España fuerte, estable, garante de oportunidades y de futuro.

Miembro de la candidatura al por la provincia de Albacete