Cuatro siglos de actividad alfarera convierten a la localidad albaceteña de Villarrobledo en un auténtico exponente de este saber ancestral y en un referente mundial en cuanto a creación de tinajas de barro se refiere. Un oficio y tradición centenaria a la que este municipio ha querido rendir homenaje con la apertura del Centro de Interpretación de la Alfarería Tinajera, en noviembre del pasado año 2008.
Una iniciativa ambiciosa puesta en marcha gracias al Plan de Dinamización Turística de las Rutas del Vino, financiado en su totalidad por la Secretaría General de Turismo, el Gobierno de Castilla-La Mancha y los siete municipios que forman parte de la denominada “Ruta del vino”, que nace con la doble finalidad de rendir un homenaje al noble arte de la alfarería tinajera, al tiempo que intenta promocionar el turismo en esta localidad. Este Centro de Interpretación, ubicado en un rehabilitado horno tinajero de Villarrobledo, está dividido en tres espacios expositivos: el Obrador, la Olla de Combustión y el propio Horno de Cocer las Tinajas. En este lugar se puede descubrir, valorar y aprender de una manera directa y participativa, el oficio de la artesanía alfarera. A lo largo de estas páginas, les ofrecemos además la posibilidad de conocer los orígenes y la evolución de la alfarería en Villarrobledo, así como el proceso de elaboración de las mismas. Un trabajo que los alfareros locales siguen realizando en la actualidad con las mismas técnicas y arcillas que sus antepasados.
El Centro de Interpretación de la Alfarería Tinajera de Villarrobledo (Albacete) rinde homenaje al noble arte de la alfarería tinajera. Un lugar en el que el visitante puede llegar a conocer, descubrir, valorar y aprender, de una manera directa y participativa, un oficio y una tradición centenaria única que aún permanece viva. Inaugurado el 9 de noviembre de 2008 por la consejera de Cultura, Turismo y Artesanía, Soledad Herrero, nace con la finalidad de ofrecer al visitante un recorrido por todas y cada una de las fases que intervienen en la elaboración de la tinaja, hasta su transporte a la bodega.
Una nueva infraestructura cultural y de referencia para los artesanos, capaz de centralizar la promoción turística de Villarrobledo, fruto de la colaboración de los Gobiernos nacional y autonómico, y de la Mancomunidad de Servicios Comsermancha. En este sentido, cabe destacar que este Centro se puede cohesionar con las rutas turísticas y artesanas de Castilla-La Mancha.
En definitiva, con la apertura del Centro de Interpretación se recupera uno de los oficios más importantes de Villarrobledo, al tiempo que se rinde un merecidísimo homenaje a un proceso artesanal que se ha traspasado de padres a hijos, siendo uno de los oficios más importantes que existen en esta región.
El Centro de Interpretación de la Alfarería Tinajera de Villarrobledo está ubicado en un antiguo alfar y horno tinajero rehabilitado y reconstruido, siguiendo fielmente el modelo antiguo.
Un espacio que se compone de tres zonas expositivas. La primera de ellas es el Obrador, donde se muestra todo el proceso de elaboración hasta que la tinaja está terminada.
En la segunda zona se encuentra la Olla de Combustión, donde se introduce la leña para calentar el horno y en el que se alcanzan temperaturas de más de 1.000ºC, provocando un fenómeno muy interesante en el que la fusión de las arenas o arcillas que recubren las pareces dan lugar a la vitrificación de las mismas en el interior de la olla.
En la tercera y última zona se encuentra el Horno de Cocer Tinajas, un espacio de especial relevancia por sí sólo.
A través de estos espacios, se ofrece al visitante un intenso recorrido por todas y cada una de las fases que intervienen en la elaboración de la tinaja: localización de los barreros, extracción de la arcilla, tratamiento y preparación de la misma, proceso de ejecución de la tinaja, soleado de las piezas, preparación del horno y proceso de cocción, así como la dificultosa tarea de mover las piezas antes de ser cocidas y su colocación en el horno y posterior vaciado y transporte hasta sus destinos finales: las bodegas.
El visitante también puede descubrir las herramientas e instrumentos utilizados en cada uno de los procesos y conocer la historia de este singular arte, su evolución y repercusión social y económica, a través de las visitas guiadas y las demostraciones en directo que se realizan en este Centro.
Todo ello narrado a través de distintos elementos museográficos entre los que destacan escenografías, interactivos, audiovisuales, paneles gráficos y fotografías.
La aparición de la alfarería en Villarrobledo, entendida como un trabajo sistematizado, sobre todo en lo que concierne a la fabricación artesanal de tinajas de barro, se remonta cuatro siglos atrás.
Sin embargo, el primer documento en el que se hace referencia a los tinajeros locales de manera oficial no apareció hasta el siglo XVII.
Se trata del Arancel de Reformas y Precios de las Mercaderías, Salarios, y Jornales de 1627, hecho en virtud de las Reales Pragmáticas, donde se regula el precio de las tinajas por arrobas.
En 1753, en el Catastro de la Ensenada, aparece además la primera relación de los hornos y de los tinajeros que trabajaban en Villarrobledo, incluyendo incluso los nombres y apellidos de los mismos.
La industria tinajera fue evolucionando a través de los siglos, pasando de ser una actividad artesanal desarrollada por una minoría que elaboraba piezas de pequeño tamaño para almacenar todo tipo de productos, a convertirse en una actividad gremial.
Prueba de ello es la gran cantidad de hornos que existieron en esta localidad, reflejando la importancia que tuvo esta industria hasta la primera mitad del siglo XX. A partir de este momento, comenzó el declive de este oficio asociado al auge de la industria vitivinícola, así como a la aparición de nuevos materiales que permitían tinajas y depósitos de mayor tamaño.
Cuatro siglos de actividad alfarera han convertido a Villarrobledo en el máximo exponente de este saber ancestral y en un referente mundial en la creación de tinajas de barro: piezas únicas por sus características, forma y por la técnica con la que son elaboradas.
Las tinajas constituyen todo un componente del arte popular y utilitario de la Edad Media. Según las investigaciones realizadas sobre este tema, entre las que destaca la tesis doctoral realizada por una villarrobledense, María Dolores García Gómez, la labor tinajera podría tener un claro origen árabe asociado por un lado, a la dependencia que tenía Villarrobledo en los momentos de su aparición de dos núcleos importantes de predominio musulmán, Alcaraz y Toledo, y por otro, a los asentamientos moriscos en dicha villa, fruto de las deportaciones realizadas durante la Reconquista.
Con la inauguración del Centro de Interpretación de la Alfarería Tinajera de Villarrobledo se ponía fin a un ambicioso proyecto en el que el Ayuntamiento de esta localidad albaceteña llevaba trabajando desde el pasado año 2000. Una interesante iniciativa que ha sido posible gracias a la consecución del Plan de Dinamización Turística de las Rutas del Vino, financiado en su totalidad por la Secretaría General de Turismo, la Junta de Comunidades de Castilla La Mancha y los siete municipios que integran la denominada Ruta del Vino.
A través de este Plan, el Ayuntamiento de Villarrobledo ha conseguido la rehabilitación y recuperación de un horno tinajero de la localidad, de los 70 que hubo censados en otros tiempos, con el doble objetivo de conservar y mantener esta tradición y darle difusión a través de ese proyecto museográfico.
El desarrollo de esta actividad está íntimamente relacionado con la localización de yacimientos de arcilla de características especiales en el subsuelo de Villarrobledo, la materia prima base para la ejecución de la alfarería tinajera.
La calidad y cantidad de la arcilla existente en esta localidad contribuyó de manera decisiva a impulsar la evolución de este oficio, hasta el punto de disputar el primer puesto a otros pueblos de tradición tinajera como El Toboso.
A ello habría que añadir la proximidad de estos yacimientos a la población, destacando la existencia de pozos, minas o barreros entre el Cementerio Municipal y la Ermita de la Virgen, así como en la calle Las Mesas, era de Carrasco o calle San Clemente.
El trabajo de pocero, que pasaba de padres a hijos, era una labor dura por las condiciones en las que se desarrollaba.
El barrero estaba localizado por un sencillo trípode de palos, que servían de enganche en la confluencia superior de una polea con la que subían y bajaban las espuertas del barro extraído.
La construcción del barrero se hacía con una pica y tenía unas dimensiones mínimas, alrededor de 80 centímetros de diámetro y una longitud variable dependiendo de la profundidad en que se encontrara la veta. A partir de ahí se construían galerías, cuyo tamaño dependía también del grosor de la veta de barro.
Actualmente, los tinajeros locales siguen utilizando el mismo barro que sus antepasados, aunque la manera de extraerlo se ha modernizado, sustituyendo al hombre por la máquina.
Lo que sí se ha mantenido es la forma de hacer las tinajas, así como la utilización de un tipo de barro determinado que destaca por su resistencia, compuesto de una mezcla del “dorao” con arcillas más blandas. Una unión de la que se obtiene un material fuerte, capaz de resistir las altas temperaturas necesarias para la cocción de las piezas, de un tacto suave y sin porosidades.
Para la fabricación de las tinajas, el barro era extendido para que se aireara. Después, se procedía a su molido siguiendo dos técnicas distintas: a palanca y a rodillo.
La primera consistía en triturar el barro dándole golpes con una palanca o maza de madera maciza. La segunda, se basaba en moler el barro con un rodillo de piedra estriado movido por un animal de tiro. Una labor que actualmente se realiza con una trituradora eléctrica, siendo éste el único avance técnico que se ha introducido en los talleres.
Una vez molido, los tinajeros cargaban las espuertas y las vaciaban en un pilón con agua, trabajo que se denominaba “empilado”. Cuando el barro estaba bien empapado, procedían a batirlo con los brazos.
Ya amasado, era llevado al obrador y en un rincón sobre ceniza se hacía una torta que era extendida con el “tendeor”. A continuación, se dejaba reposar y al día siguente se formaban grandes pellas que los tinajeros sobaban con los pies.
Para realizar este trabajo, durante el invierno se utilizaban alpargatas para que el barro no se agarrara, y en verano lo hacían descalzos. Hoy en día nuestros artesanos continúan empilando, amasando y sobando el barro de la misma manera.
La fabricación propiamente dicha de las tinajas se iniciaba con la alineación en grandes naves rectangulares, denominadas “cuartos”, de los bolos de empiece (bases de barro cónicas sobre las que se ponían dos tablas de madera unidas por un travesaño).
En ese soporte, cubierto con ceniza para impedir que el barro se pegara, los tinajeros empezaban a realizar las bases o culos de las tinajas.
El sistema utilizado es la técnica de los rollos: cilindros de barro realizados partiendo de una pella amasada sobre una mesa para darles el grosor y la longitud necesaria, basada en la unión de los distintos rollos empezando desde la base.
Para conseguir la unión perfecta, hacían unas incisiones con la “arañaera” (trozo de chapa con pequeñas muescas laterales). A continuación, con la ayuda de sus manos primero y con la paleta y el mazo después, le irán dando la altura y la forma deseada.
Cada dos rollos de barro formaban una vuelta que el tinajero iba modelando. Las incisiones concéntricas que aparecen en las tinajas no son motivos de decoración, aunque el resultado lo consigue, ya que estas marcas las hacían los tinajeros con las cuerdas que les servían de guía sobre el barro tierno.
Terminada la tinaja, debía permanecer en la nave hasta que perdiera toda la humedad. Después, se sacaba al patio donde la pieza se soleaba durante unas horas antes de meterla en el horno.
El transporte de las tinajas desde los cuartos hasta su colocación en el horno, así como desde las fábricas hacia las bodegas, entrañaba una gran dificultad, siendo necesarias cuadrillas de unos veinte hombres debido al enorme peso y altura de las mismas.
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