La emoción es la de la fiesta brava, ya que sin ella, todo parece previsible y quita el interés que tantos millones de aficionados tienen por un espectáculo en el que se juegan la vida de verdad y además se crean obras difíciles de repetir. La corrida de Torrestrella brindó emoción, y los toreros pusieron el resto de ingredientes para que saliésemos de la plaza pegando pases, con el ingrediente añadido que uno de esos toreros es de la tierra y dio una dimensión de gran torero, con gusto, temple, dominio y firmeza. ¡ y sus toreros!

Se lidiaron seis toros de Torrestrella, con cuajo y pitones, encastados, con sus distintos matices, pero todos con posibilidades de lucirse si las cosas se les hacían bien, como así se hizo en el ruedo. La plaza se llenó en tres cuartos del aforo, en una tarde agradable de temperatura en la que no molestó el viento.

Paco Ureña, que sustituía al lesionado López Simón, vino a Albacete a demostrar que hay que contar con él en las ferias, tiene temple, verdad en su toreo y una personalidad única con los trastos en la mano. A su primero lo metió en el cesto a pesar de que en un principio parecía reacio, sucediéndose series muy mandonas y templadas, sometiendo al animal que al final comenzó a acortar el recorrido, metiéndose entre los pitones para cuajarle dos circulares largos y valientes. Una oreja cortó tras una estocada trasera desprendida.

La faena al cuarto tuvo mucha verdad. El toro comenzó a embestir algo descompuesto, soltando la cara, pero el murciano lo fue sometiendo a base de mandarle mucho y templarlo, muy encajado y seguro. Esa faena fue premiada con las dos orejas tras una buena estocada.

Rubén Pinar no ha tocado techo ni mucho menos. Saludó Candelas tras dos buenos pares de banderillas que no fueron fáciles, ya que le ganó la cara a una embestida que intentaba cortar el recorrido, y tras ello, el torero albacetense fue sacándole el fondo al toro que acabó embistiendo con franqueza, encastado y entregado, en series muy compactas, mandonas y templadísimas, estirando de “Sabor” en una faena que levantó al público de sus asientos, rematando con unas poncinas que fueron el delirio del respetable, que llegó a pedir el indulto del toro.

Se pidió el rabo con fuerza tras una estocada fulminante, paseando las dos orejas, siendo el toro premiado con la vuelta al ruedo.

En el segundo de la tarde, pinchó antes de una estocada desprendida, lo que quedó en una ovación tras una faena muy técnica e inteligente, a un toro al que le faltó un tranco en la embestida.

pudo haber salido también en hombros tras pinchar una primera faena al tercero de la tarde, llena de rotundidad, valor y encaje, con un toro que manseó pero que sacó casta y transmitió mucho. Gran José Garrido el que se pudo ver en la plaza, sin fisuras, con sitio, valor y firmeza, imprimiendo temple, mando y ligazón, faena conjuntada y maciza.

El sexto tuvo buenos comienzos, pero peores finales, ya que tras unas primeras tandas en las que estiró con poder de la embestida, que faltaba rematar por parte del animal, fue acortando el viaje y por ello intensidad la faena. Se adornó por bernadinas y tras una estocada cortó una oreja.

Fuente: - Cronista taurino